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Analisis

El cuento chino y la amenaza de la China nacional socialista

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William W. Jacobs escribió un magnífico cuento breve al que tituló The Monkey’s Paw (1902, “La pata del mono”). El cuento recobró su fama recientemente gracias a la última película de la Mujer Maravilla. El cuento es sobre una pata de mono que tenía como atributo proveer tres deseos a tres personas. La segunda persona entrega la ‘pata del mono’ a la tercera, pero le advierte que tanto él como el primer dueño tuvieron una terrible experiencia con lo que desearon.

El nuevo y último dueño de la pata de mono decidió pedir un deseo de todos modos. Al nuevo dueño y su familia, que ya eran felices con lo que tenían, se les ocurrió desear que no tengan más una hipoteca, que era de £ 200. Nada pasó, pero al día siguiente recibieron la triste visita que venía a anunciarles que el hijo había tenido un terrible accidente y había muerto y quedado desfigurado, pero que en compensación ellos recibirían la suma de £ 200, justo el monto de la hipoteca.

Finalmente, la madre decidió pedir nuevamente un deseo: pedir que el hijo reviva y vuelva. El padre, que ya entendió que los deseos eran realmente una maldición intentó hacerle entrar en razón a la desesperada madre, a quien no le importaba si el hijo, ya desformado y purulento, volvía a la vida en esas condiciones. Ella pidió el deseo, y después de un tiempo oyeron que alguien tocaba a la puerta. El padre, conociendo y temiendo ya la consecuencia que podría traer el segundo deseo, decidió pedir el último deseo. Cuando la madre abrió la puerta se encontró que no había nadie.

Hoy nos encontramos en una encrucijada bastante semejante a la que estuvieron el señor y la señora White del cuento de Jacobs. China es la ‘la pata del mono’ que ofrece a Paraguay cumplir algunos de sus deseos, pero ninguno de esos deseos viene sin la atadura de una catástrofe. ¿Vacunas? ¿Préstamos para infraestructuras? Incluso hay quienes sostienen que pueden comprarnos carne paraguaya con un mejor precio. Pero ¿de qué nos sirve vender unos kilos de carne a muy buen precio si a cambio perdemos toda la estancia?

China es un gran país y tiene gente muy buena; gente excelente en muchos sentidos, pero su gobierno es un gobierno totalitario con una política y un sistema fascista. Su economía ya no es comunista, sino que ahora es nacional socialista, y en su política exterior están determinados a tomar todo lo que puedan a su paso. Ya tienen conflictos fronterizos con India, Filipinas, Vietnam, y otros. Ya han invadido Tíbet y terminaron con la democracia en Hong Kong. Ninguno de los países en nuestra región se ha beneficiado con su trato y han perdido parte de su soberanía.

Al mundo libre capitalista primero no nos importó que China haya tenido trabajadores prácticamente esclavos, no nos importó que explotaran ni que no tengan leyes laborales dignas, no nos importó que contaminaran el medio ambiente. El mundo libre capitalista cerró los ojos a los abusos contra los derechos humanos. Eso era cosa de ellos, y a nosotros lo que nos importó era que pagábamos mucho más barato. Así, la mayoría de los países quedaron seducidos por el dinero fácil. Así fue cómo primero hicimos que los abusos laborales se hicieran aceptables para el mundo libre capitalista.

El discurso de China hace unos años era muy parecido a los discursos de paz de Adolf Hitler (abril 1922 – agosto 1939) antes de que invadieran Polonia: “la Nación Germana desea vivir en paz con el resto del mundo”. Incluso Hong Kong y parte de Taiwán comenzaron a creer que China no era imperialista y que realmente solo quería paz. El sueño podía llevarse a cabo y se planteó la visión de “dos sistemas, un país”, pero pronto los habitantes de Hong Kong se dieron cuenta de lo falso que era aquel discurso de paz.

En el 2020 el mundo pudo ver de lo que China era capaz. No solo en relación con el virus, que costó al mundo pérdidas incalculables, y hasta ahora se han negado a ser transparentes y a tomar ningún tipo de responsabilidad por el encubrimiento que hicieron en las semanas iniciales. También en el 2020 el mundo fue testigo de cómo arrebataron su democracia a una de las Polis más democráticas y prósperas del mundo (Hong Kong). No hubo Lugo, ni Sixto Pereira, ni Filizzola que dijeran palabras en contra de nada de esto. Los de izquierda, tanto los comunistas, fascistas o socialistas, no dijeron absolutamente nada a pesar de todos los atropellos contra los derechos humanos y civiles.

Algunos argumentan que Estados Unidos también ha hecho lo suyo como imperio, pero hay una gran diferencia. Es verdad que un grupo de americanos ha torturado a gente en el Medio Oriente, pero fueron los mismos americanos quienes han denunciado esos hechos y hoy quienes perpetraron esos crímenes están presos. En China, a pesar de que su gente sea buena y noble, no se puede cuestionar al gobierno. Nadie de fuera ni de dentro puede cuestionarlos sin sufrir consecuencias negativas, y esa es una diferencia enorme; porque ningún gobierno es perfecto, pero que no tengan ni siquiera la posibilidad de ser perfectibles es la mayor catástrofe.

Hoy el gobierno fascista chino viola los espacios aéreos de Taiwán buscando provocar alguna agresión, y seguimos sin decir nada. De hecho, ningún diputado ni senador todavía no ha repudiado el actuar de los chinos en aguas territoriales de Filipinas o el espacio aéreo de Taiwán.

El mundo celebró la paz que negociaron Chamberlain y Daladier con Hitler. Fue solo el alcohólico y bipolar de Churchill quien se oponía a una paz con gente cuya naturaleza misma les impelía a hacer guerra. FDR intentó ignorar y Stalin incluso hizo un pacto. Cuando se dieron cuenta, ya fue tarde.

En Paraguay no solo tenemos que cuidarnos de pedir deseos a ‘la pata del mono’, sino que también tenemos que levantar nuestras voces en repudio por las violaciones de los derechos humanos y cívicos.

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