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Analisis

Asunción y el reflejo de nuestra vulgaridad

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Caminar en la Ciudad de Asunción es una experiencia que lastimosamente, no puede ser calificada como “gratificante”. 400 años antes de la proclamación oficial del dogma católico de la “Asunción de Santa María a los Cielos”, esta villa ya lo afirmaba a los cuatro vientos. Indicativo de que estamos en un lugar ancestral y con enorme, poderosísimo peso simbólico. No en vano la llamamos “Primum inter Pares del Río de la Plata”, con todo lo que eso significa.

Pero se reitera, caminar en la Ciudad de Asunción es realmente una especie de mortificación terrena preparatoria y propiciatoria. La Madre de Dios intercede directamente por todos los habitantes de esta capital, la más horrible del mundo occidental, porque Ella comprende los sufrimientos que padecemos las humildes almas en pena que residimos en esta villa a la que amamos. Es un flagelo a los ojos de cualquier transeúnte, caminante, viajante, turista la paupérrima y miserable condición de la Ciudad de Asunción. Con los extranjeros, bueno, hacemos de tripas corazón y toda la fealdad horripilante de esta capital la disimulamos sonriendo como idiotas con el “bienvenido hermano extranjero” que nos caracteriza, para bien o para mal, porque alguna cosa buena hay que mostrarles viejo. Vamos a ser obsequiosos y hospitalarios hasta el punto de dar lástima, no hay de otra. ¿Qué otra cosa podríamos enseñar? ¿El Museo del Cabildo? Da vergüenza, en medio de invasores pagados por la politiquería. ¿Las Catedrales y Templos? Todas en un estado de abandono lamentable y para colmo se queman al dos por tres, les ponen “torres de transmisión” algunos curas insensatos que parece ser tienen desprecio por la belleza, etcétera. ¿El Palacio de López? Hace siglos que están reparándolo y nunca está terminado. ¿Los jardines, parques, zoológicos? Bueno, salvo Ñu Guazú y el Botánico que con mucho esfuerzo se mantienen, todo lo demás es prácticamente nulo. Podríamos seguir largo y tendido pero creo que cualquier habitante de esta ciudad me entiende.

¡Después queremos que los turistas vengan! ¡Saltamos de alegría cuando uno de ellos dice alguna frase de consuelo, con mucho doble sentido pero bueno, es lo que hay, palmadita en la espalda paraguayito, estamos repletos de naturaleza salvaje en este país, eso es rescatable, lo silvestre y selvático! ¡Vienen a ver animales y los encuentran en cantidades! ¡Porque nuestra orgullosa y antigua “capital” es incapaz de convencerlos de lo contrario! ¡Megan Fox y Machine Gun Kelly se metieron en un pequeño bañado de la Costanera para hacer ornitología (en un charco que sobró de casualidad por allí, no es que fuera alguna genialidad de alguien) y eso lo que queda! ¡Toda la Ciudad de Asunción es absolutamente irrelevante para esos importantísimos donnadies! ¡A mironear pajarrucos, que las aves de rara avis que componen la dizque “élite” paraguaya son tan interesantes como chuparse un clavo! ¡Y no hay más patente ejemplo de la superlativa y soberana vulgaridad de los que gobiernan a este pequeño espacio del mundo, que la paupérrima y misérrima imagen de nuestra capital!

Mucha historia, sí. Mucha “Nuestra Señora de la Asunción” para nada.

Luego, uno se pone a buscar las razones por las cuáles este país no puede tener al menos una capital presentable y decente, que no se les pide tampoco que sea una réplica de Roma o de París. Escarbando, escarbando, al fondo vamos llegando, vemos a los especímenes de nuestra politiquería mal llamada “criolla” (porque los “criollos” del pasado jamás iban a permitir tanta decadencia). Ninguno, pero ninguno sólo, sea colorado, liberal, PPQ, zurdo, progresista, diestro o lo que sea, ninguno tiene el más pequeño proyecto de embellecer a la Ciudad de Asunción. Todavía más inexistente es la voluntad política de llevarlo a cabo.

En estos días, una publicación de línea izquierdista habló de que Paraguay tiene más “estaciones de servicio (gasolineras)” per cápita en toda Sudamérica y por larga ventaja, casi duplicando a un país productor de petróleo y entre las 10 naciones con más PBI del mundo, como nuestro vecino Brasil que está en segundo lugar. ¿Adivinen cuál fue la reacción ante estas revelaciones, que en realidad no son un descubrimiento sino simplemente una recordación de algo que hace años ya se sabía? “¡Ustedes son zurditos empobrecedores, hay que demoler todos los edificios antiguos de Asunción sí se puede y poner allí estaciones de servicio, viva el libre mercado!”. Es para tirarse de la línea 30 en pelotas al pavimento a 100 kilómetros por hora.

Evidentemente, parte de este problema también son los “zurditos” con sus satánicos Le Corbusier y demás, quiénes pusieron de moda llenar a todas las ciudades del mundo con cubos agujereados que hoy en día se llaman “rascacielos” y que no son sino el culto al utilitarismo más baratija y la falta de originalidad más absoluta. “¡Oh, qué genio, qué creativo soy, hice dos paralelepípedos de 33 pisos de altura que son una trampa de calor con su vidrio y sus hierros y sus latas! ¡Mírenme, soy el nuevo genio de la arquitectura minimalista post Le Corbusier, le pongo una maceta con una plantita exótica en el último piso, llenamos de color verde aquí y allá, ya está, soy todo un ambientalista de las construcciones!”. El Diablo goza y Nuestra Señora de la Asunción lo sufre. ¿A qué individuo que no esté poseído por un espíritu maligno se le pudo ocurrir que esos edificios que están haciendo para la “reconversión del puerto” harían más linda a nuestra capital? Esos satanes solamente servirán para que aumenten las tasas de suicidios, para orinal de los marginales que ocupan la Chacarita y zonas aledañas y para aguantadero de chespiritos a la noche (de día, los tenemos en las oficinas, ojo). ¡No tengo pruebas, pero tampoco dudas! Ninguna sola familia decente irá a pasar una velada en el “Puerto Reconvertido de Asunción”, salvo que tenga deseos de conocer al bajo mundo en sus actividades nocturnas, lo que nos pone dubitativos respecto a la “decencia” o la “cordura” de la hipotética familia que pusimos de ejemplo.

Cualquier cosa, zurditos, les recomiendo que lean a León Krier. También es interesante el Barón Kenneth Clark, inglés que se convirtió al catolicismo poco antes de morir. ¡Su sentido de la “belleza verdadera” no le permitía ser un vulgar anglicano! Aunque, siendo sinceros, los más lamentables en toda esta ecuación son los de la “derecha”, los que supuestamente “no son hippies roñosos y tienen un sentido de la estética más elevado, más sano, más acorde a las formas clásicas, eternas e infalibles”.

He “mandado a leer” a los zurditos, en contra de todos mis principios (me parece ridículo hacer tal cosa) pero tengo mis razones. Y las diré aquí, ahora y que Nuestra Señora de la Asunción me ampare: es más fácil que un izquierdista se ponga a saborear las páginas de León Krier o de Kenneth Clark y que eso genere alguna influencia en ellos antes de que un derechoso liberal-democrático de nuestra salvaje fauna se plantee siquiera la posibilidad de que llenar de “gasolineras” a la capital del Paraguay en pos del oligopólico “libre mercado”, es un atentado contra “el bien, la verdad y la belleza” que supuestamente nosotros deberíamos defender muchísimo más que los izquierdistas.

Pero no. Que se caigan a pedazos los patrimonios edilicios e históricos de la Ciudad de Asunción. Que haya gasolineras en cada esquina. Que el país entero se llene de tinglados, latas y asfalto para que haga más calor. Que las plazas sean expropiadas por punteros políticos, que no haya monumentos decentes más que las “estaciones de servicio” en donde tenemos lo más alambicado y delicatesen de este país. ¿Para qué uno quiere restaurantes en edificios hermosos del microcentro sí uno puede comer un choripán rapidito? “¡Es que esa es nuestra idiosincrasia!” No, es la idiosincrasia de nuestras desvergonzadas y mediocres élites liberales.

No es secreto para nadie que hay una espectacular especulación inmobiliaria en el microcentro de Asunción con la intención de desvalorizar esos terrenos y sus propiedades, generando burbujas de construcción (y según las malas lenguas, lavado de dinero) en otros sectores de la ciudad. Sí a esto se suma a la notoria incapacidad mostrada por nuestros líderes politiqueros (por acción, complicidad, omisión o todas las opciones juntas), pues el resultado está a la vista. Y allí tenemos uno de los más claros ejemplos de cómo el “libre mercado” no va a solucionar, jamás, una cuestión de vital importancia para cualquier país civilizado, esto es, proteger su histórico patrimonio edilicio. La “mano invisible” continuará con la especulación inmobiliaria hasta que todas esas bellas construcciones de épocas más civilizadas se caigan a pedazos para que allí se pueda poner una gasolinera o un “biguis”. A todo lo demás, se hace un rascacielos satánico al estilo de Le Corbusier (con algunas plantitas para disimular), lleno de “materiales biodegradables y baratijas” especialmente hechas para la sobrefacturación y para que su vida útil sea cortísima. Para que una ciudad capital sea bella, atractiva para el turismo y que cuente con lugares que nos enorgullezcan verdaderamente, es sumamente necesario que exista planificación. Que el Estado haga su trabajo en lo que le corresponde y que coordine, organice de manera dinámica a los esfuerzos de los propietarios privados. Y sí en algún caso extremo se debe tomar medidas rudas, pues se hace sin que tiemble la “mano visible” estatal contra las especulaciones de la “mano invisible” oligopólica.

La Ciudad de Asunción es nuestro espejo. Es el rostro del Paraguay ante el mundo. Llueve sobre mojado, desde luego, que no soy el primero en decir todas estas cosas. Quizás sea el más agrio y contundente al afirmar que es la capital occidental más fea de todas, por lejos. Pero esta penosa situación simplemente refleja lo que en verdad son nuestras supuestas “élites”. Los mismos que llenan de gasolineras al país pero son incapaces de restaurar un edificio bello y antiguo del microcentro y encontrarle alguna utilidad. El Estado debe tomar las riendas del asunto porque el “libre mercado” evidentemente, no tiene el más mínimo interés en que la ciudad de Nuestra Señora de la Asunción sea una fuente de belleza y nobles inspiraciones, cosas que no se pueden encontrar en las actividades de meros mercachifles.

No perdemos la esperanza, sin embargo, de que algún día podamos caminar en la capital del Paraguay, la cinco veces centenaria “Primum inter Pares” del Río de la Plata, respirando aire puro y diciendo con sano orgullo que es verdaderamente hermosa, como siempre debió ser.

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