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Salud

Estudio de la Universidad Johns Hopkins afirma que las cuarentenas y el barbijo obligatorio no evitaron muertes en pandemia

“Las políticas de confinamiento están mal fundamentadas y deben rechazarse como un instrumento de política pandémica”, concluyeron los investigadores.

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Investigadores de la prestigiosa Universidad Johns Hopkins realizaron una revisión sistemática de miles de estudios en todo el mundo para analizar si existe o no evidencia empírica que respalde que las cuarentenas y el mandato de uso obligatorio de barbijos redujeron la mortalidad de COVID-19 durante los primeros dos años de la pandemia.

La conclusión fue lapidaria: las políticas de cuarentenas obligatorias estuvieron “mal fundadas” y no fueron responsables de una reducción significativa de la tasa de mortalidad del coronavirus.

“Si bien este metanálisis concluye que las cuarentenas han tenido poco o ningún efecto sobre la salud pública, han impuesto enormes costos económicos y sociales donde se adoptaron”, escribieron los investigadores en el resumen. “En consecuencia, las políticas de confinamiento están mal fundamentadas y deben rechazarse como un instrumento de política pandémica“.

El metaanálisis, titulado “Revisión de la literatura y metaanálisis de los efectos de los confinamientos en la mortalidad por COVID-19”, identifica 18.590 estudios que buscan respaldar la creencia de que los confinamientos reducen la mortalidad por COVID-19.

Después de tres niveles de evaluación, solo 34 estudios de los 18.590 calificaron como “comprensivos”. De esos 34 estudios, solo 24 tenían información de que las cuarentenas podrían haber tenido un impacto significativo en reducir las muertes.

Los investigadores Jonas HerbyLars Jonung, y Steve Hanke dividieron los estudios en tres grupos: estudios sobre la rigurosidad de las cuarentenas, estudios sobre cuarentenas totales y estudios sobre cuarentenas donde prácticamente no hubo intervención farmacéutica.

Se definió la “cuarentena” como “la imposición de al menos una intervención obligatoria que restrinja la movilidad no acompañada por intervención farmacéutica“, lo que significa políticas gubernamentales que restringen las actividades regulares de las personas, como limitar el movimiento, cerrar escuelas y negocios y prohibir los viajes internacionales, mientras no se administraba ningún tipo de medicación preventiva en la sociedad, como vacunas.

De esta manera, determinaron que las cuarentenas en Europa y Estados Unidos redujeron la mortalidad por COVID como máximo en un 0,2%, y que podrían haber tenido una reducción como máximo del 2,9% si no había incumplimientos por parte de la sociedad.

Este valor resultó muy bajo para poder afirmar fehacientemente que las cuarentenas reducen las muertes de manera significativa, y “no hubo evidencia de base amplia que mostrara que las intervenciones no farmacéuticas tuvieran algún efecto notable sobre la mortalidad por COVID“.

El fracaso de una política autoritaria

Las conclusiones de los investigadores de la Johns Hopkins son consistentes con otros estudios de datos duros de todo el mundo que muestran que las cuarentenas y otras medidas de mitigación severas como el uso de barbijo obligatorio no detuvieron el típico aumento y disminución de una pandemia de virus respiratorio.

Además, es importante destacar que las cuarentenas y las restricciones sanitarias no son gratis. Las personas perdieron sus trabajos, los estudiantes perdieron años lectivos, muchos no pudieron ver a sus familiares y sufrieron una de las peores crisis económicas de la historia.

Ni hablar de los efectos en la salud de las personas, que debieron posponer estudios clínicos importantes, o los niños que no pudieron vacunarse o tratarse contra otras enfermedades.

Como informó la WND en diciembre, la CDC norteamericana advirtió que el sarampión se ha convertido en una amenaza global creciente debido a las interrupciones en las vacunas infantiles causadas por las cuarentenas de algunos países durante el 2020 y el 2021.

La OMS, en su último informe sobre malariadijo en diciembre que en medio de las “interrupciones” de los servicios de salud durante la pandemia de COVID-19, los casos y muertes por malaria aumentaron significativamente en 2020 en comparación con el año anterior.

También hubo afecciones a la salud mental de las personas, especialmente en los más jovenes. Países en todo el mundo reportan subas atemorizantes de suicidio adolescente. Cerrar la sociedad por más de un año no fue gratis.

En una entrevista en octubre en el podcast “Uncommon Knowledge” con Peter Robinson, investigador del Instituto Hoover en Stanford, dijo que las consecuencias no deseadas de los cierres son inmensas

“Incluyen 100 millones de personas que cayeron en la pobreza en todo el mundo por los confinamientos, los tratamientos faltantes para el cáncer y otras enfermedades graves, y 1 de cada 4 jóvenes que informaron a los CDC que habían considerado suicidarse durante la pandemia”, resaltó.

Derecha Diario

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