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Ciencia y Tecnología

La ciencia encontró un plan B para salvar a la humanidad del fin del mundo

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En todas las épocas hubo gurúes del fin del mundo. Con mayor o menor grado de charlatanería. Pero nunca como ahora -siglo en el que se sabe fehacientemente que habrá un The End para el planeta Tierra-se pusieron manos a la obra para encontrar un plan B que salve a la humanidad.
«Nuestra civilización tiene todos los huevos puestos en una sola canasta, la Tierra. Y todo lo que disfrutamos podría desaparecer como resultado de una gran catástrofe: el impacto de un asteroide, alguna hecatombe climática o la propia evolución del Sol y la ebullición de nuestros océanos. Por eso, moverse hacia el espacio es lo más recomendable para prolongar la existencia de la humanidad», advierte a Viva el físico Avi Loeb desde la Universidad de Harvard. Loeb es el mismo científico que sorprendió al mundo, hace unos meses, cuando afirmó que un asteroide detectado en 2017 podría ser, en realidad, los restos de una nave de fabricación alienígena. También fue amigo del popular astrofísico Stephen Hawking, quien antes de morir sugirió lo mismo: encontrar, cuanto antes, un nuevo hogar espacial.

Próxima Centauri B, un planeta que orbita la estrella más cercana al Sol, por ahora, es el candidato más firme. Primero, y aunque suene extraño, por su cercanía. Está a sólo 4.25 años luz de la Tierra. Para tener una idea: la Luna está a 1.3 segundo luz y Marte, a 4.35 minutos luz (cuando su órbita lo acerca). En astronomía, las distancias son tan grandes que sería súper engorroso hablar de kilómetros. Por eso se usan otros tipos de medida, como pársec, unidades astronómicas o años luz: la distancia que recorre la luz en un año. Que Próxima Centauri B esté a menos de 5 años luz es un buen punto a favor. Aunque sea lejos.
«Optimizando una sonda pequeña (de pocos kilos) y con la propulsión que tenemos actualmente, no creo que pudiéramos llegar hasta allí en menos de 10 mil años. De todas maneras, hay proyectos en fases preliminares para construir velas solares impulsadas por láseres desde la Tierra, que serían capaces de lanzar mini instrumentos a una gran velocidad: arribarían en menos de 100 años», comenta vía email el astrónomo Guillem Anglada Escudé, de la Universidad Queen Mary, de Londres, uno de los descubridores de Próxima Centauri B.
Loeb habla de otros plazos y algunas ventajas: «Con los cohetes que tenemos hoy, nos llevaría 50 mil años, pero valdría la pena. Este planeta está ubicado 20 veces más cerca de su estrella que la distancia que separa a la Tierra del Sol. Pero la extrella de Próxima Centauri B, Próxima Centauri, tiene una característica especial: es una estrella enana roja, con sólo el 12 por ciento de la masa del Sol y, por lo tanto, mucho más débil. Por eso la temperatura en Próxima Centauri B es similar a la de la Tierra, aunque eso no garantizala existencia de vida tal como la conocemos aquí. Para tener agua líquida y las condiciones químicas adecuadas, se necesita atmósfera. Por el momento no estamos seguros de que la tenga. Su atmósfera podría haber sido arrasada por el viento de su propia estrella».
Anglada Escudé agrega que este nuevo mundo tiene un lado que siempre está mirando a su estrella, como sucede con la Luna, que siempre le muestra la misma cara a la Tierra. La otra es «la oculta». Por este fenómeno, tiene un hemisferio que está siempre iluminado y estaría sometido a altas temperaturas mientras que el hemisferio oscuro sería extremadamente frío. «Debido a esa rotación sincronizada, además, sabemos que allí no hay días y noches. Un lado del planeta está siempre de día y el otro, en una perpetua oscuridad. Lo que también sabemos es que un año dura 11,2 días, que es lo que tarda en orbitar a su estrella.
Frío, pero no tanto. Cuatro grados centígrados promedio según los cálculos. Es una buena noticia porque esa temperatura favorece las condiciones para la existencia de agua líquida, un factor clave para la vida terrícola. Algo que puede confirmárselo a Viva el científico de la NASA Anthony Del Genio, quien hizo un riguroso estudio sobre las características principales de este planeta. «Sabemos que Próxima Centauri B es más grande que la Tierra, pero no mucho más grande, con una masa 1,3 veces mayor. Pero lo asombroso es que puede contener agua líquida en su superficie y, entonces, podría ser habitable».
Los experimentos de Del Genio con modelos climáticos para conocer más detalles revelaron otra conclusión interesante: «Su estrella es mucho más pequeña y más fría que nuestro Sol y su luz estelar es mayormente roja y en longitudes de onda aún más largas de las que el ojo humano puede captar. Así que es muy probable que el color de su cielo sea rojizo. Y no amanece o anochece, sino que se vive siempre como en un mediodía eterno en su lado diurno, el que mira a su estrella. Y en los dos lados se ven cielos nublados en la mayor parte del tiempo».
Si viajar a Próxima Centauri B fuera posible, adónde le convendría asentarse a la humanidad. ¿En la Luna, Marte o en este nuevo mundo? «La Luna y Marte tampoco tienen una atmósfera sustancial. Pero están mucho más cerca, algo que acorta el viaje y hace más práctica la construcción de colonias para humanos. Puede ser el primer paso. Luego, ver si podemos acomodarnos en Próxima B», responde Avi Loeb.
«Si pudiéramos obviar la distancia, creo que podríamos habitar Próxima Centauri B en la zona que se conoce como limbo, donde el Sol está siempre en el horizonte. En esa región podríamos estar protegidos de las radiaciones, que son más intensas de las que se reciben en la Tierra, y tendríamos temperaturas aceptables y energía. Según algunos modelos de estudio, puede ser que Próxima Centauri B sea un ‘mundo océano’, sin continentes. Si eso se confirmara, entonces convendría Marte. Pero todo es epeculativo», opina Anglada Escudé.
Sin saber exactamente cómo es este planeta alternativo (faltan más observaciones e investigaciones), la única certeza es que la humanidad necesita un plan B. «El regreso a la Luna, por parte de China y próximamente de Europa, y los planes para llegar con una misión tripulada a Marte son como los primeros pasos de un bebé hacia la colonización de nuevos mundos. Es un camino que no podemos detener si queremos perdurar», resume Avi Loeb. ¿Allá vamos? 

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