Cerro Porteño volvió a escribir una de esas páginas que sus hinchas conocen demasiado bien. Palmeiras eliminó al Ciclón de la Copa Libertadores, pero más allá de la jerarquía del rival, Cerro, una vez más, no necesitó que el adversario hiciera una exhibición para quedarse afuera: le bastó con demostrar sus propias limitaciones.
El comienzo, al menos, invitaba a creer otra cosa. Cerro salió incisivo, intenso y decidido a buscar el gol. Ignacio Aliseda tuvo una aproximación que Pablo Vegetti no pudo conectar y, poco después, Iván Ramírez desperdició una ocasión inmejorable con una pirueta que terminó por encima del arco. El problema fue que cada ataque azulgrana transmitía la misma sensación: nerviosismo. Había voluntad, había empuje, pero también una imprecisión desesperante que impedía transformar la iniciativa en verdadero peligro.
Con el correr de los minutos, Cerro comenzó a perder intensidad y Palmeiras recibió la luz verde para crecer. Piquerez avisó, Jhon Arias desbordó y Lucas Evangelista estuvo cerca, aunque Lucas Quintana evitó el gol. Hasta que llegó el golpe definitivo: córner, centro de Jhon Arias y Gustavo Gómez apareció en el aire para meter un cabezazo letal. Centro, cabeza y gol. La vieja receta paraguaya aplicada por un Palmeiras que castigó a Cerro justo donde más duele.
Se suponía que el gol debía despabilar al local. Se suponía que, jugando en casa y con la obligación de remontar, Cerro saldría al segundo tiempo dispuesto a llevarse por delante al Palmeiras. Pero nunca ocurrió. Lo que mostró fue una aberrante incapacidad: imprecisión, nerviosismo, descoordinación y una alarmante falta de ideas.
Palmeiras tuvo varias oportunidades para aumentar la ventaja. Roffo respondió ante Murilo y el propio Gustavo Gómez volvió a imponerse en el juego aéreo. Cerro, mientras tanto, apenas logró inquietar casi sobre el final, cuando Vegetti sacó un potente remate que Carlos Miguel despejó. Después, Federico Torres ganó de cabeza, pero sin la precisión necesaria.
Y así terminó otra historia triste. No hace falta un rival invencible para eliminar a Cerro Porteño. Tampoco uno débil. Para Cerro alcanza con una cosa: demostrar su propia incapacidad. Esta eliminación es apenas otro capítulo de esa eterna y dolorosa novela internacional que el club protagoniza año tras año.




