La exsenadora Kattya González insiste, a través de sus habituales espacios en la prensa, con su intención de volver al Senado. Ahora intenta sostener su argumento recordando que varios de quienes votaron por su pérdida de investidura —Yamy Nal, “Chaqueñito” Vera, Erico Galeano y Hernán Rivas— ya no ocupan una banca. Pero el argumento tiene una enorme debilidad: la memoria le juega en contra.
Hernán Rivas acaba de ser condenado a ocho años de prisión por producción mediata y uso de documentos públicos de contenido falso.
¿Y qué tiene que ver esto con Kattya?
Que en el libelo acusatorio que terminó impulsando su pérdida de investidura también fueron incluidos, entre los hechos atribuidos, la producción y uso de documentos públicos de contenido no auténtico, en relación con las planillas laborales de sus asesores. Es decir, la misma figura que hoy Kattya utiliza políticamente contra Rivas estuvo presente en el expediente que se utilizó contra ella.
Entonces la pregunta es inevitable: ¿Con qué autoridad moral Kattya González pretende utilizar la condena de Hernán Rivas para desacreditar a quienes votaron su pérdida de investidura, cuando en su propio expediente aparecía una acusación vinculada precisamente con la producción y uso de documentos públicos de contenido no auténtico?
Si para Rivas esa conducta es suficiente para cuestionarlo, ¿por qué debería existir una vara diferente para Kattya? La política no puede funcionar con un estándar para los adversarios y otro para uno mismo.
Si quiere volver al Senado, está bien, solo debe volver a presentarse a elecciones. Pero antes debería explicar ¿Por qué razón cree ser moralmente superior a Hernán Rivas para utilizar la situación de este último como argumento político?
Porque los documentos tienen memoria. Y muchos ciudadanos también.




