Olimpia empató 0-0 con Vasco da Gama y aunque el resultado es positivo por tratarse de una visita a Brasil, el Decano pudo haber sacado mucho más. Tuvo enfrente a un equipo que demostró por qué pelea por escapar de la zona de descenso.
El primer tiempo fue prácticamente un monólogo del Vasco. El conjunto local tuvo el 78% de la posesión, remató nueve veces al arco y dispuso de ocho tiros de esquina, mientras Olimpia no inquietó a Leo Jardim. Lo más preocupante fue la actitud: el equipo de Pablo “Vitamina” Sánchez nunca se animó a ensayar un ataque con intención. Se dedicó a aguantar, como si enfrente estuviera un gigante imbatible, cuando cada embestida brasileña estaba cargada de una mediocridad que daba lástima.
Vasco atacaba mucho, sí, pero atacaba mal. Impreciso, poco claro y sin contundencia, dejó en evidencia las razones de su complicada situación local. Y Olimpia, increíblemente, no se le animó a ese equipo. Cuando la última línea fue superada apareció Gastón Olveira para mantener el cero. El arquero respondió sosteniendo a un Olimpia que parecía jugar para sobrevivir.
En la segunda etapa el Decano mejoró, adelantó sus líneas y encontró espacios. Sin embargo, volvió a aparecer el viejo problema: no se anima a patear al arco. Con muy poco ocasionó estragos en la defensa brasileña, pero le faltó decisión para dar el paso definitivo al triunfo.
Vasco siguió dominando y tuvo ocasiones claras, como la de David Correa al comienzo del complemento y otra de Claudio Spinelli cerca del final. Olveira, nuevamente atento, mantuvo su valla invicta. El 0-0 deja abierta la serie, pero también una obligación: Olimpia debe animarse mucho más en la revancha del jueves, en el Defensores del Chaco. Este Vasco no está a la altura de un torneo internacional. Si el Decano juega con mayor ambición, puede ganarlo. Porque esta vez no le faltó rival: le faltó coraje.




