Esta vez Sportivo Ameliano fue el encargado de desnudar las miserias de un Cerro Porteño que sigue sin saber qué juega realmente y a dónde apunta en el campeonato local.
El 1-0 en La Fortaleza de Villeta no solo significó la primera victoria de la “V” azulada sobre el Ciclón en 19 enfrentamientos ligueros; también dejó a Cerro cada vez más lejos de un campeonato local que comienza a despedirlo.
El partido arrancó con algo de movimiento, con ambos buscando atacar, pero rápidamente cayó en un desarrollo lento, trabado y bastante aburrido. Ameliano fue más directo, mientras Cerro intentaba construir con mayor elaboración. El Ciclón tuvo algo más de posesión, aunque nuevamente esa estadística terminó sirviendo absolutamente para nada: mucha circulación, poca profundidad y escasa capacidad para lastimar.
En la segunda etapa, la “V” azulada entendió mejor el partido y comenzó a encontrar espacios. Luis Ortiz y Raúl Cabral generaron peligro hasta que llegó el golpe. A los 59’, tras un cambio de frente hacia Luis Ayala, el remate del extremo fue bloqueado parcialmente por Alexis Cañete y el rebote quedó servido para Cabral, que no perdonó ante Manuel Roffo.
Y entonces apareció el manual de siempre para enfrentar a Cerro: esperar. Esperar a que el Ciclón se desespere, pierda precisión y empiece a cometer los mismos errores de siempre.
Cerro tuvo la posibilidad perfecta para empatar a los 66’. Un centro de Cañete fue peinado por Jorge Morel y la pelota terminó impactando en el brazo de Andrea Falabella. Penal. Pablo Vegetti tomó la responsabilidad, pero chutó como un amateur y Ángel Sánchez volvió a convertirse en héroe al contenerlo.
Después, Cerro fue un manojo de nervios. Ameliano incluso tuvo ocasiones para ampliar, mientras el Ciclón acumulaba centros, imprecisiones y desesperación. Ni siquiera nueve tiros de esquina contra dos alcanzaron para encontrar el camino al gol.
Sobre el final, Jonathan Benítez vio inicialmente la roja por una infracción sobre César Bobadilla, pero el VAR corrigió la decisión y la sanción quedó en amarilla.
Ameliano ganó porque fue inteligente, certero y aprovechó el momento. Cerro perdió porque volvió a ser Cerro: posesión sin profundidad, ocasiones desperdiciadas, errores repetidos y una alarmante incapacidad para reaccionar.
El campeonato local se le escapa lentamente entre los dedos y el Ciclón queda relegado hacia el fondo de la tabla. Si esta versión llega así a la Copa Libertadores, el papelón puede ser tremendo.




