Cerro Porteño consiguió esta madrugada una victoria de esas que pueden cambiar el ánimo de toda una campaña. El Ciclón derrotó 1-0 a Junior de Barranquilla y, esta vez sí, jugó sin complejos, sin miedo y sin entrar dormido ante un rival que históricamente suele hacerse fuerte en su casa.
El golpe llegó rápido. A los 13 minutos, tras una recuperación en mitad de cancha, Federico Carrizo metió un pase vertical preciso para Pablo Vegetti, que controló de espaldas al arco y sacó un derechazo brutal desde fuera del área. La pelota viajó violentamente hacia el ángulo izquierdo del arquero Silveira, que voló solamente para la foto. Un golazo descomunal que silenció por completo el estadio y le dio a Cerro la ventaja que fue a buscar desde el arranque.
A partir de ahí, Junior se convirtió en un aluvión de llegadas, aunque más empujado por la desesperación que por claridad futbolística. Tiró centros de todos lados, llenó el área azulgrana de pelotazos y remates apurados, pero casi siempre chocó contra su propia displicencia y desorden. Cerro tampoco renunció al ataque, aunque las jugadas terminaban diluyéndose en malas decisiones o definiciones defectuosas.
En la segunda mitad el dominio territorial fue casi todo del Junior. Cerro retrocedió varios metros y apostó a resistir. Y resistió bien. Arias respondió cuando tuvo que hacerlo y la defensa, esta vez, mostró una concentración que pocas veces tuvo en esta temporada. Con el correr de los minutos, los ataques del conjunto barranquillero fueron perdiendo fuerza y precisión.
El Ciclón logra así un triunfo fundamental que lo vuelve a meter seriamente en la pelea por clasificar a octavos de final de la Copa Libertadores. Pero si quiere sostener esta ilusión, deberá repetir esta actitud y este compromiso en los partidos que se vienen.




