Cerro Porteño consiguió sobre Rubio Ñu que le permite acercarse a la cima del campeonato, aprovechando el tropiezo de Libertad. Pero más allá del desahogo que significó el triunfo, el Ciclón dejó un sin sabor evidente en su público. Ganó, sí, pero estuvo lejos de convencer.
Durante buena parte del primer tiempo, Cerro tuvo la pelota y manejó las acciones, aunque se esperaba bastante más de un equipo que pretende pelear arriba. Rubio Ñu fue prácticamente una sombra bajo la lluvia: poco y nada del conjunto de Trinidad, que casi no consiguió inquietar a Manuel Roffo. El problema estuvo en que Cerro tampoco logró transformar su dominio en superioridad contundente. Generó algunas situaciones, pero apareció la imprecisión en los metros finales.
El premio llegó a los 25 minutos. Cerro atacaba con mayor claridad por el sector derecho, donde Ramírez y Aliseda encontraban espacios. Desde allí nació la acción que terminó con un remate defectuoso de Guillermo Benítez, pero la pelota quedó servida para Pablo Vegetti, quien la levantó por encima del arquero y marcó el 1-0.
Pero el segundo tiempo cambió el escenario. Rubio Ñu modificó su sistema, adelantó líneas y empezó a ser mucho más peligroso. Esta vez el que parecía perdido por momentos era Cerro, extremadamente impreciso, entregando pelotas que permitieron al rival generar acciones que merecieron el empate. Roffo tuvo que trabajar en varias oportunidades mientras Costas reforzaba la defensa y el mediocampo para contener la reacción ñuense.
Cerro también tuvo alguna posibilidad para liquidarlo, pero nuevamente careció de precisión. El partido se fue consumiendo con el 1-0 clavado en el marcador y con la sensación de que el Ciclón nunca pudo cerrar definitivamente una historia que se le complicó más de lo esperado.
Los tres puntos sirven y dejan a Cerro a seis unidades del líder, con 33 todavía en disputa. Pero el juego exhibido no estuvo a la altura de semejante ilusión. El Ciclón ganó, aunque su gente se marchó del estadio mirando hacia atrás y preguntándose cuánto podrá sostenerse un equipo que todavía debe mejorar muchísimo para transformar la ilusión en realidad.




