Qué sorpresa, queridos lectores. Otra vez los grandes defensores de la “transparencia” y la “democracia” se quedaron en offside y ni siquiera hizo falta el VAR. Ayer la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) declaró desierta la Licitación Pública GR Nº 03/2025 para la televisión digital terrestre. Cero ofertas. Ni una. Un desierto más seco que la honestidad de ciertos periodistas.
Pero tranquilos, que el problema aquí no es si la licitación estaba bien hecha, ni si “Santi” quería regalarle el canal a alguien, ni siquiera si el grupo Vázquez era el presunto afortunado. El verdadero espectáculo es ver cómo los medios hegemónicos, esos mismos que se autoproclaman guardianes de la verdad, mintieron durante meses sin que se les moviera un músculo de la cara.
Durante semanas soportamos el coro de siempre: “¡Está cocinada!”, “¡Es para el amigo del gobierno!”, “¡Dictadura mediática!”. Los Zucolillo desde su fortaleza, los Vierci desde su imperio, el rey de la chicana y empleadito de abc Rafael Filizzola repartiendo su moralina senatorial junto a un ejército de opinólogos con su mejor cara de indignación profesional, el histórico SNT usurpado por su inestable director o Ñandutí, que apenas si puede retener a las pocas figuras convocantes de su señal. Todos vendiendo la misma novela negra: que la licitación era un cheque en blanco disfrazado, que el ganador ya tenía nombre y apellido, y que la patria estaba en peligro.
Y ahora… silencio. Porque resulta que nadie se presentó. Ni el supuesto beneficiario, ni nadie. El castillo de naipes se derrumbó solito y los que gritaban “¡fuego!” ahora miran para otro lado como si nada.
Esto no es periodismo, señores. Es militancia con membrete de empresa. Es la misma lógica de siempre: si algo puede perjudicar al gobierno, aunque sea inventado, se infla hasta el paroxismo. Si luego la realidad los desmiente, se hace como que nunca pasó. Total, ¿quién se va a acordar mañana?
El mundo está lleno de conspiraciones deliciosas y creíbles. Pero ver a estos gurúes del micrófono fallar una y otra vez con sus profecías catastrofistas hace que hasta los terraplanistas parezcan serios. Al menos los terraplanistas son coherentes en su delirio. Estos cambian de delirio según sople el viento político.
Así que, queridos “periodistas” de los grandes emporios: la próxima vez que quieran vender humo, háganlo con un poco más de estilo. Porque esto ya no da ni para indignación. Da para risa. Y de la mala.
¿Otra vez mintieron?
Por supuesto.
¿Se ruborizaron?
Ni un poquito.



