Luego de ver las penosas declaraciones de la otrora prominente jurista venezolana y Magistrada Emérita del Tribunal Supremo de Justicia, Dra. Blanca Rosa Mármol, así como también de observar el comportamiento de múltiples actores de la oposición venezolana, incluso actores del propio chavismo radical como Mario Silva, la Bachiller transformada en “analista política” Indira Urbaneja, Pedro Carvalajalino, además de muchos amigos venezolanos, tanto en Venezuela como en el exterior, encuentro que todos ellos incurren en un error de apreciación estructural: centran su razonamiento sobre la transición democrática en base a la Constitución de 1999. Por cierto, una Constitución chavista y que en la práctica ha sido sistemáticamente violada desde el mismo momento de su promulgación.
Yo personalmente, después del famoso Referéndum Revocatorio de 2004 (que fue el primer fraude electoral del chavismo), entendí claramente que en Venezuela se había implantado un régimen autoritario, por tanto, un país sin Estado de Derecho, lo cual, lo he venido señalando públicamente en todas mis conferencias, declaraciones e incluso publicaciones, donde expliqué una y otra vez el fenómeno del chavismo en Venezuela.
En otras palabras, el chavismo arribó al poder mediante elecciones gracias a la democracia representativa para una vez allí dinamitar el sistema y secuestrarlo indefinidamente. Lo que inicialmente fue una democracia de masas de corte socialista (1999-2002), pronto mutó a un autoritarismo incluyente (2002-2005) y en adelante el propio Hugo Chávez consolidó su pacto del Cartel de los Soles con las FARC, alianza criminal que continuó Maduro, por ello esa etapa la denomino narco-pretorianismo-neocomunista.
Desde el 2005 en adelante, el chavismo dejó muy en claro que no abandonaría el gobierno por la vía democrática, sin embargo, estúpidamente o como auténticos cómplices, la seudo-oposición (llamados “los alacranes”) ha insistido de manera majadera que la solución política de Venezuela debía ser “pacífica, electoral y democrática”, una suerte de mantra dicho por Henry Ramos Allup y repetido automáticamente por “los alacranes” que hicieron vida en las diversas e inútiles estructuras donde se conglomeraban, desde la Coordinadora Democrática, pasando por la Mesa de la Unidad, la estafa del interinato de Juan Guaidó, hasta la Plataforma Unitaria, sin contar con la veintena de diálogos entre la oposición y el chavismo, todas ellas infectiva, por lo que sólo se limitaban a cambiar de nombre luego de fracaso tras fracaso, nunca lograron salir de chavismo y redemocratizar Venezuela.
Hoy, luego de los hechos del 3 de enero de 2026, cuando finalmente se produce un cambio, un cambio que sólo fue posible por el uso de la fuerza, acometido por los Estados Unidos, se concretó la extracción del narco-tirano Nicolás Maduro y la “Primera Combatiente” Cilia Flores, por primera vez en casi 3 décadas de chavismo existe la posibilidad real de un cambio significativo en la situación política-institucional venezolana.
Justamente, ese primer gran cambio va más allá de la configuración de Delcy Rodríguez como Presidente de Facto de Venezuela, sino que la República Bolivariana de Venezuela dejó de ser un país formalmente soberano para convertirse en un Estado Tutelado desde la Casa Blanca, razón por la cual, el Presidente de EEUU no sólo designó a su Secretario de Estado Marco Rubio como el hombre que nominalmente a cargo de Venezuela (en la realidad el hombre clave y que en las sombras lleva los destinos de Venezuela es Mauricio Clever-Carone, a quien en Washington lo llaman “El Virrey”). En crudo, fue el mismo Presidente Donald Trump quien decidió personal y unilateralmente quien se quedaría en el Palacio de Miraflores.
Por ello me impacta enormemente que muchos venezolanos -entre ellos la Dra. Blanca Rosa Mármol y muchos otros- sigan insistiendo en las elecciones del 28 de julio de 2024 y en la presidencia de Edmundo González Urrutia, quien por razones obvias no fue colocado a cargo del gobierno por una sencilla razón, si Washington enviaba a Caracas a González Urrutia, éste iba a durar menos de 72 horas respirando, pues, el aparato militar (más los colectivos y las milicias chavistas) todos responden directamente a Diosdado Cabello, seguido seguramente por una caos estructural, que es justo lo que menos desea Washington.
En segundo orden de ideas y con esto ya concluyo, para la Casa Blanca la prioridad no es redemocratizar Venezuela, la realidad es que la extracción de Maduro se insertó dentro de un plan global de EEUU que necesita asegurar el suministro de crudo venezolano para iniciar su operación sobre Irán (que aún no ha concluido) y volver a fortalecer el dólar como moneda internacional anclada a las operaciones petroleras, tal como lo dijo el miso Secretario del Tesoro Scott Besentt en una entrevista para CNBC.
En este complejo entramado, los venezolanos debemos entender que quien se arriesgó y financió la salida del narco-tirano, fue el Presidente Donald Trump, segundo la agenda política que se está desarrollando en el Venezuela es conforme a la voluntad de la Casa Blanca, porque el triunvirato de los hermanos Rodríguez más Cabello (actual gobierno de Venezuela) está subordinado a la potencia estadounidense, que le interesa al máximo la estabilidad para que diariamente lleguen sin problema alguno a Texas los 500 mil barriles de crudo. Quien se oponga a este guion será considerado una amenaza potencial para los intereses de Washington DC, luego de las elecciones muy probablemente en Venezuela será implantada la versión caribeña del modelo de Las Islas Marshall (este tema se lo explicaré en mi próxima entrega).
Finalmente, debo aclarar que no estoy aquí para señalar si esto es bueno o es malo, si estoy a favor o en contra, mi tarea aquí ha consistido en desnudar la situación real de Venezuela a mis compatriotas, público en general y sobre todo, espero que la dirigencia opositora venezolana dejen de actuar de manera irresponsable e inmadura, como hasta ahora está ocurriendo y se coloquen a la altura del momento histórico que vive nuestra nación.




