Olimpia ganó 3-1 y quedó con un pie y medio en los octavos de final de la Copa Sudamericana. El resultado, frío y maquillador, puede hacer creer que el Decano jugó un gran partido. La realidad fue completamente distinta: el equipo de Fabián “Vitamina” Sánchez volvió a exhibir los mismos defectos de siempre, esos errores estructurales que tarde o temprano terminan pasándole factura.
Anoche, simplemente tuvo enfrente a un Vasco da Gama disminuido, lleno de suplentes y golpeado futbolísticamente en Brasil. Contra un rival serio, esta historia probablemente terminaba muy diferente.
Desde el arranque, Olimpia monopolizó la pelota, pero sin una sola idea clara. Ataques débiles, previsibles, sin circuitos colectivos ni elaboración. Todo terminaba en centros desesperados que no inquietaban absolutamente a nadie. Mucha posesión, muchísimo ruido y poquísimas nueces. El equipo atacaba por inercia, sin creatividad, sin cambio de ritmo y sin futbolistas capaces de romper líneas o generar desequilibrio.
Y como tantas veces ocurre, cuando parecía que Vasco apenas sobrevivía, Olimpia volvió a suicidarse defensivamente. Justo antes del gol brasileño fue expulsado el entrenador visitante por protestas constantes al árbitro Wilmar Roldán. Aun así, sobre el cierre del primer tiempo, llegó un córner desde la izquierda ejecutado por Nuno Moreira y Carlos Cuesta apareció completamente libre para meter el frentazo del 1-0. Otra vez la defensa franjeada perdida, otra vez Gastón Olveira clavado bajo el travesaño mirando la pelota entrar. Una escena repetida hasta el cansancio.
En el segundo tiempo, Olimpia se lanzó al ataque dejando espacios enormes atrás. Más empuje que fútbol. Más nervios que ideas. Más centros que juego asociado. Vasco incluso resistió bastante bien hasta quedarse con diez hombres por la expulsión de João Vitor, quien entró violentamente sobre Franco Alfonso. Ni siquiera con superioridad numérica el Decano lograba imponer autoridad.
Recién a los 21 minutos apareció Mateo Gamarra para empatar de cabeza tras un centro de Quintana. A los 40, Hugo Sandoval desvió un balón tras un tiro libre de Lezcano para el 2-1, y ya en tiempo agregado Sebastián Ferreira liquidó el partido luego de una asistencia del propio Sandoval.
Olimpia ganó, sí. Pero sufrió muchísimo contra un Vasco mediocre, suplente y sin confianza. Y eso debería preocupar muchísimo más que entusiasmar. Porque si el Decano no corrige de una vez su defensa paupérrima, su alarmante falta de definición y su inexistente idea colectiva, el día que enfrente a un candidato serio en la Sudamericana, el sueño de conquistar el torneo volverá a convertirse en otra utopía desperdiciada por errores propios.




