El Rey de Copas consiguió un triunfo vital en Buenos Aires al derrotar 2-1 a Barracas Central por la Copa Sudamericana, pero el partido volvió a desnudar las falencias eternas de un equipo que tiene jerarquía para aplastar a sus rivales y, sin embargo, termina sufriendo por errores infantiles y una alarmante falta de contundencia ofensiva.
El Decano arrancó muy bien el encuentro. Durante los primeros minutos manejó la pelota, presionó arriba y dio la sensación de que podía adueñarse rápidamente del partido. Pero otra vez apareció el mismo problema de siempre: la defensa. A los 8 minutos, en un córner aparentemente inofensivo, Richard Ortiz se durmió completamente en la marca y Gonzalo Morales ganó de arriba con absoluta comodidad para meter un cabezazo que dejó sin chances a Gastón Olveira. Un gol inadmisible para un equipo que pretende ser candidato internacional.
Desde ahí, el partido de Olimpia pasó a ser más empuje que fútbol. Barracas entendió el desconcierto franjeado y tuvo varias oportunidades para aumentar la ventaja, aunque falló por pura imprecisión. Mientras tanto, Olimpia seguía atacando como podía: centros sin destino, poca claridad y una obsesiva costumbre de no patear al arco. El equipo parecía tener miedo de terminar las jugadas.
Para colmo, los jugadores franjeados cayeron en el juego nervioso que propuso Barracas. Discutieron todo, protestaron cada falta y empezaron a llenarse de tarjetas amarillas innecesarias. El partido se transformó en una batalla emocional más que futbolística. Sin embargo, en medio del caos apareció Fernando Cardozo, quien a los 33 minutos aprovechó una jugada dentro del área y definió para el 1-1 que devolvió algo de calma.
En la segunda mitad, Olimpia mostró algo más de equilibrio. Manejó mejor el balón y controló más el trámite, aunque siguió exhibiendo enormes limitaciones ofensivas. Mucha posesión, poca profundidad. Mucho toque, escasa agresividad.
Pero sobre el final, cuando parecía que otra vez faltaría decisión, llegó por fin un remate con verdadera intención. Alex Franco, recién ingresado, apareció con personalidad y sacó el disparo que sentenció el 2-1 definitivo para desatar el festejo franjeado.
La victoria deja a Olimpia con enormes posibilidades de clasificar a las fases finales de la Sudamericana. El equipo demostró carácter para revertir un partido complicado, pero también confirmó que sigue preso de sus viejos vicios: errores defensivos grotescos y ataques tibios. Olimpia tiene plantel para dominar y aplastar rivales. El problema es que todavía juega muy lejos de esa obligación histórica.




