No pretenderé hacer una explicación dilatada discusión sobre el liberalismo, por razones obvias, brevemente me remontaré a lo histórico sólo para lo fundamental. En ese sentido, debo comenzar señalando que el liberalismo político como idea, como pensamiento y doctrina se remonta en las postrimerías de la Edad Moderna, el fin de las monarquías absolutistas europeas y la Revolución Francesa con su lema “libertad, igualdad y fraternidad” de finales del siglo XVIII.
De tal manera que el liberalismo político desde el punto de vista filosófico es una doctrina contemporánea que se centra en el individuo como principio básico de la organización social, del cual emanan: la libertad individual, el estado de derecho, la igualdad ante la ley, la limitación del poder (los poderes del Estado dividido en ejecutivo, legislativo y judicial), libre mercado y finalmente la laicidad.
Uno de los más prominentes filósofos políticos que más reflexionó sobre el liberalismo, John Rawls sostiene que el objetivo del liberalismo político “consiste en poner al descubierto las condiciones de la posibilidad de una base pública de la justificación razonable acerca de las cuestiones políticas fundamentales”, por tanto, se trata de un cuerpo de ideas razonablemente pluralista respecto a la cultura democrática.
Más recientemente, Javier Milei lo conceptualiza en términos menos filosóficos y sostiene que “el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la competencia, la división del trabajo y la cooperación social, donde solo se es exitoso sirviendo al prójimo con bienes de mejor calidad o mejor precio”
Ahora bien, en lo que respecta al caso paraguayo, el liberalismo parte con la fundación del Centro Democrático en julio de 1887 (luego mutó a Partido Liberal) y un par de meses más tarde surgió la Asociación Nacional Republicana (ANR), éste último se tornó más de carácter nacionalista y luego agrarista. En tanto, los liberales se movieron más hacia el capitalismo y el civilismo, salvo el paréntesis de la Constitución de 1940 que puede considerarse que se nutrió de las corrientes europeas de la época, es decir, con un presidencialismo fuerte y tendencia a la conformación de un Estado corporativista.
Luego en el siglo XX, el prolongado pretorianismo oligárquico de la era de Stroessner, llevó al partido liberal a moverse más hacia la izquierda. Ya en el siglo XXI, el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) en tiempos de la presidencia del partido de Efraín Alegre, traicionando la doctrina liberal misma, lo llevó a comulgar con organizaciones de extrema izquierda y hoy conocido casi como carteles criminales como el Foro de Sao Paulo como su órgano elite el Grupo de Puebla.
Afortunadamente, estos tiempos de incoherencia ideológica a lo interno del PLRA han termino, gracias a la nueva gestión encabezada por Alicides Riveros, un hombre que conquistó la presidencia del partido desde un liderazgo municipal, como lo es el caso de Fernando de la Mora.
En fin, actualmente en el seno del PLRA, gracias a la apertura y amplitud que ofrece Riveros, está imprimiendo cambios muy positivos, entre ellos puedo mencionar: el retorno de prominentes figuras liberales y centro-derechistas como el caso del Senador Eduarno Nakayama, además del economista libertario Dr. Víctor Pavón, entre muchos otros que regresaron al partido, además la reinauguración del Instituto José P. Guggiari, conversaciones con las bases, hoy existe un ambiente de armonía entre los precandidatos presidenciales como Ricardo Estigarría, Eduardo Nakayama y Celeste Amarilla, es decir, hoy se observa fortalecimiento de la organización de cara al país, mientras reina la pelea encarnizada del otro lado de la vereda.




