Raquel Ferreira Centurión, representante de las familias campesinas de la Colonia Santa Lucía, departamento del Alto Paraná, escenario de una de las luchas más traumáticas de la esperada reforma agraria, recibió por fin su título de propiedad. “Hoy es un día de justicia y el comienzo de una nueva etapa para nuestra comunidad”, asegura agradeciendo al Gobierno del presidente Peña.
La entrega de títulos es la respuesta efectiva del Estado a un problema que muchos consideraban imposible de solucionar, por lo que recomendaban a “no tocar el asunto”. Sin embargo, el gobierno de Santiago Peña asumió el gran desafío y, como resultado, se están saldando deudas históricas que en algunos casos, datan de más de un siglo.
“Hoy llegó la pacificación del campo”, aseguró Francisco Ruíz Díaz, titular del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra, quien en la fecha recibió una placa de reconocimiento de parte de las familias la Colonia San Oscar Romero, ex Marina Cue, distrito de Curuguaty, zona de enfrentamientos luctuosos para la nación, en el departamento de Canindeyú. La distinción fue entregada por el dirigente campesino Rolando Antúnez, quien concluyó su discurso al grito de “Viva el Paraguay”.
Una nueva etapa para construir y no destruir
La nueva entrega de títulos de propiedad para las colonias emblemáticas tuvo como lema “El odio destruye, el amor construye”, en alusión a las historias de enfrentamientos campesinos contra varios frentes, en su lucha por la tierra.
“Hoy entregamos 600 títulos de propiedad y en poco tiempo serán 1000 más, pero no es la cantidad lo que importa. Lo que estamos logrando en diferentes colonias del país es pasar del odio al amor, para construir (el futuro)”, explicó visiblemente emocionado el ministro del Indert, Francisco Ruíz Díaz.
“Este camino no fue fácil, estuvo marcado por años de lucha, momentos de dolor y pérdida que jamás olvidaremos”, señaló Raquel Ferreira, al tiempo de dedicar los títulos a los dirigentes que ya no están: Eusebio Torres, quien asesinado en su propia casa en el año 2013; y Artemio Cabral, que perdió la vida en un enfrentamiento de guardias de seguridad privada, en el 2022.
El largo proceso de la esperada reforma agraria se cobró además la integridad de varios campesinos que fueron víctimas de heridas y lesiones de distintos tipos, durante los años de luchas por la tenencia de la tierra.
El conflicto en la zona se había originado con el traslado de cientos de familias campesinas en el 2014 desde Ñacunday, donde sobrevivían en condiciones gran pobreza, sin tierras ni servicios básicos. Tras promesas del Gobierno de entonces, se mudaron a la nueva colonia Santa Lucía. Sin embargo, los procesos de expropiación no lograron concretar el acceso a la tierra para las familias.
“No te equivocaste con Francisco Ruiz Díaz”, dijo Raquel Ferreira al presidente de la República, Santiago Peña, a quien agradeció en nombre de su comunidad, Santa Lucía. Es la primera vez en la historia que está al frente del Indert un profesional al servicio de los campesinos, para garantizar la seguridad y la dignidad de todos los paraguayos con la entrega de título de propiedad”, señaló la representante campesina, Raquel Ferreira.
A través del método denominado “Barrido Predial Masivo”, el Indert ha logrado brindar una solución ágil de casos que por décadas han sido postergados para la formalización definitiva de tierras del patrimonio del ente rural a favor de beneficiarios del Estatuto Agrario.
100 años de espera
“Según nuestros antecedentes, hay una resolución del año 1926, con cartografía escrita y registro de beneficiarios. Sin embargo, a pesar de tantos años de historia, todavía son pocas las familias que cuentan con un título de propiedad”, sostuvo Ana Meaurio, adjudicada de la Colonia Empalado, departamento de Caaguazú.
El caso de Empalado es emblemático porque fue creado en el año 1845 bajo el gobierno de don Carlos Antonio López, como un fuerte contra las incursiones de bandeirantes. La colonia formó parte de las tierras públicas loteadas a partir de 1904. Desde entonces, sus pobladores quedaron a la espera de regularización jurídica de las tierras donde vivieron por generaciones.
“Fueron más de 100 años de lucha, de sueños y desilusiones”, comentó el presidente de la República, Santiago Peña, a quien Meaurio agradeció por impulsar “la revitalización de nuestras tierras y los títulos de propiedad”.
“Para nosotros, un título de propiedad significa mucho más que un documento. Significa tranquilidad para nuestros padres, seguridad para nuestros hijos, dignidad para nuestras familias y la posibilidad de construir un futuro con mayor confianza”, señaló Meaurio. De hoy en más, el lugar donde han formado sus hogares y trabajado durante años, cuenta con el respaldo legal para proyectarse con seguridad e identidad.



