Mucho se habló la semana pasada de una multiplicidad de combinaciones de chapas presidenciales, sobre todo luego del sismo político a lo interno del movimiento Honor Colorado (HC) del Partido Colorado (ANR). No obstante, para sorpresa de la inmensa mayoría, luego de la impensable foto del encuentro de los líderes de los movimientos rivales con rango de expresidentes Horacio Cartes y Mario Abdo, sobrevino el retiro de la fugaz precandidatura de Juan Carlos Baruja, además del pase a retiro del otrora líder todopoderoso Cartes.
Aunque la salvaje turbulencia a lo interno del partido de la tolda roja, ya ha experimentado aparentes signos de normalización, aún siguen barajándose muchos nombres para encabezar la chapa presidencial oficialista, entre los tantos nombres que pululan: Marco Riquelme, Alejandro Domínguez, un dubitativo Pedro Alliana -hoy más con olor a Senado- hasta un “Cesarito” Sosa por el bando de los gobernadores, entre otros.
Pero mientras la situación toma punto en la tolda colorada, la oposición también experimenta lo propio a la sazón de las “encuestas”, las redes sociales y por supuesto, los favoritismos artificiales escupidos por las luminarias de los periodistas de los medios más importantes del país.
A la luz del país que nos dibujan las precitadas luminarias, sobre el tapete se colocan nombres como el de la controversial Kattya González, el recientemente desmitificado Miguel Prieto, cuyo liderazgo técnicamente se limita únicamente a Ciudad del Este, una situación similar experimenta el Gobernador liberal Ricardo Estigarribia, quien viene de perder su propia capital departamental, hasta una Yolanda Paredes candidata de un partido reducido al liderazgo personalista y hoy notablemente devaluado de Paraguayo Cubas por su presunto vínculo con el expresidente Cartes.
Entonces apreciado lector, ¿cuál es la figura que definitivamente emerja de estas agrestes aguas? Quien teclea estas líneas es una persona que básicamente se mueve entre Asunción y el Departamento Central, no cuento con acceso a encuestas -por demás enormemente dudosas en la actualidad y no sólo en Paraguay- pero si he realizado un sondeo personal, ciertamente con una suerte de muestra muy pequeña. Sin embargo, como solía decir mi profesora de Teoría y Método de las Ciencias Sociales: “la parte contiene el todo”.
Ahora bien, ¿a qué quiero llegar con ello? Seguramente no faltará quien acuse que mi muestra es muy pequeña, que carece de la debida selección de la muestra y que la misma es más al azar, producto de mis breves conversaciones con personas desconocidas en distintos puntos de la gran capital, aunque ello no invalida sus resultados, pues, repito: la parte contiene el todo. En ese sentido, he encontrado en estos sondemos informales y pedestres, dos poderosos hallazgos: el primero de ellos que la totalidad desea “un cambio” y; a renglón seguido, emergen un par de nombres recurrentes, sobre todo en Asunción, algunos me señalan “le voté hace 5 años para Intendente.”
En crudo, los dos nombres que he encontrado son Miguel Prieto y Eduardo Nakayama. Sobre el primero, existen serias dudas sobre su suerte de cara a la carrera presidencial, primero por su catarata de procesos judiciales que tiene abiertos, amén que su liderazgo cuenta con una importante dosis de resistencia por parte del electorado colorado.
Al trazar una proyección sobre la carrera presidencial de cara al 2028, aunque estoy muy lejos de ser una de las súper estrellas periodísticas de los grandes medios de comunicación del país, a la luz de mi modesto sondeo, me atrevo a señalar que la figura que se tiende a perfilarse a partir del 2027 en adelante, corresponde al actual Senador liberal Eduardo Nakayama.
Debo señalar responsablemente que la base de mi afirmación anterior, la sustento fundamentalmente en el bajísimo nivel de rechazo de Nakayama y en segundo lugar -aunque no menos importante- constituye una persona capaz de amalgamar el voto colorado descontento, dado que no posee un discurso tosco anti-sistema y amenaza chavista como Prieto.
Finalmente, en lo personal observo que más allá de poseer un perfil de estadista comparativamente con respecto a Prieto o González, a la vez, es un hombre sencillo al que el mundo le cabe en la cabeza, dotado de una cosmovisión de la sociedad paraguaya y una gestión pública más innovadora y eficiente.




