Olimpia volvió a tropezar con sus propios fantasmas. El empate sin goles frente a Rubio Ñu dejó al descubierto una realidad que el Decano arrastra desde hace tiempo: es un equipo irresoluto, incapaz de encontrar soluciones ofensivas y cada vez más complicado en sus aspiraciones al título.
El conjunto dirigido por Pablo Sánchez volvió a exhibir sus carencias ante un rival que no necesitó demasiado para neutralizarlo. Rubio Ñu planteó un partido práctico, aguardando los errores del Franjeado para salir de contragolpe. Tuvo algunas aproximaciones, aunque sin la intensidad necesaria para transformar esas oportunidades en una amenaza permanente.
Olimpia, por su parte, manejó la pelota durante buena parte del encuentro, pero volvió a confundir posesión con fútbol. La circulación careció de profundidad y las ideas escasearon cuando llegó el momento de pisar el área rival. El mal estado del campo complicó el desarrollo, pero tampoco puede convertirse en una excusa para justificar la falta de respuestas de un equipo que pretende ser campeón.
La delantera volvió a quedar en deuda. Gabriel Ávalos y Sebastián Ferreira, ubicados como referentes de área, no aportaron las soluciones que el equipo necesitaba. Ferreira tuvo la oportunidad más clara apenas iniciado el segundo tiempo, cuando conectó de cabeza un centro de Esteban Matus y estrelló el balón contra el poste. Fue prácticamente su único aporte decisivo. Después, el gol siguió siendo una cuenta pendiente.
Rubio Ñu resistió con orden, con Javier Vallejos y Pedro Álvarez como protagonistas de una defensa que despejó prácticamente todo lo que llegó por arriba y por abajo. El partido también dejó lesiones: Rodi Ferreira salió a los cinco minutos y Maximiliano Garrone ingresó en su lugar; Eduardo Delmás tampoco pudo completar la primera etapa y fue reemplazado por Franco Alfonso a los 40 minutos.
Con este empate, Olimpia llegó a 27 puntos y quedó como líder provisional, pero 2 de Mayo, con su partido pendiente, amenaza su posición.
El problema es que Sánchez sigue sin corregir los defectos de su equipo. La falta de gol y de profundidad ya no son episodios aislados: son una advertencia. Olimpia no mejora y el campeonato no espera a nadie.




