Cerro Porteño volvió a ofrecer una de esas actuaciones que ya dejaron de ser una sorpresa para convertirse en una lamentable costumbre. El Ciclón perdió 2-0 ante 2 de Mayo de local. Una vez más volvió a mostrar esa versión displicente, sin sangre, sin estímulos y sin ambición que lo acompañó durante buena parte del año.
El Gallo necesitó apenas siete minutos para desnudar al dueño de casa. César Castro desbordó y metió el centro, Alan Gómez desvió levemente y Tobías Cervera controló ante Lucas Quintana para sacar un derechazo cruzado que venció a Manuel Roffo. Gol y sorpresa en barrio Obrero.
Desde entonces, 2 de Mayo prácticamente se dedicó a esperar. Cerró espacios, se ordenó con su línea de cinco y aguardó pacientemente qué podía hacer Cerro. Y el problema para los locales fue que hicieron muy poco.
El Ciclón tuvo la pelota, avanzó y acumuló aproximaciones, pero cuando llegó el momento de definir, sus jugadores lo hicieron sobradamente mal. Jonatan Torres tuvo una ocasión clarísima a los 28 minutos y mandó la pelota por encima del travesaño. A los 38’, Ignacio Aliseda obligó a una buena intervención de Nicolás Rossi y el rebote quedó para Guillermo Benítez, que también desperdició una oportunidad inmejorable.
Diez tiros de esquina tuvo Cerro solamente en la primera etapa. Diez. Y ninguno se transformó en una situación realmente peligrosa. Mucho territorio, poca profundidad; mucha pelota, casi ninguna idea.
Los referentes azulgranas fueron una sombra, un holograma de aquello que alguna vez pretendieron representar. Y en la segunda etapa, directamente, pareció que varios se fueron a algún cumpleaños.
2 de Mayo no necesitó hacer demasiado. Esperó el error, encontró espacios y, de contragolpe, Alan Gómez marcó el segundo para sentenciar prácticamente el encuentro. A partir de allí, al Gallo le alcanzó con esperar que Cerro siguiera tropezando con sus propios errores.
Porque este Cerro ya ni siquiera parece necesitar de un rival extraordinario para perder. Se basta consigo mismo.
Fue un partido notablemente pobre del Ciclón. Sin compromiso visible con la camiseta, sin reacción, sin carácter y sin fútbol. Un equipo que por momentos transmitió la incómoda sensación de no querer jugar el partido.
Para 2 de Mayo, en cambio, el triunfo significa volver a meterse en la pelea por el título después de un bajón reciente. Para Cerro, es prácticamente otra despedida del campeonato: paupérrima, dolorosa y preocupante.
Y lo peor es que tampoco se ve demasiada luz en el horizonte. Ni futbolística ni económicamente. El Ciclón sigue hundiéndose y, por ahora, nadie parece encontrar la manera de detener la caída.



