Una misma cifra atraviesa la historia: USD 1.274.000. Ese monto fue desembolsado por Matrix Realty, vinculada a Darío Messer, para un proyecto inmobiliario de Paraqvaria, sociedad representada por Rafael Casabianca. En 2015, la misma suma quedó consignada como precio de siete oficinas y, seis años después, esos inmuebles ingresaron a un fideicomiso administrado por Banco Atlas para garantizar una operación de aproximadamente USD 1,55 millones.
Matrix Realty participó en 2014 como inversora en un proyecto inmobiliario en Hernandarias. Según explicó posteriormente Casabianca, realizó cuatro desembolsos de USD 600.000, USD 604.000, USD 40.000 y USD 30.000, que totalizaron exactamente USD 1.274.000. Los fondos fueron canalizados hacia una cuenta de Parque Internacional SA en Banco Itaú, operación sobre la que se presentaron documentos comerciales y contractuales.
El proyecto cambió de estructura y el 28 de febrero de 2015 Paraqvaria y Matrix suscribieron un nuevo contrato. En lugar de continuar aportando capital, Matrix pasó a figurar como compradora de siete oficinas —las unidades A y B de los pisos 10, 8 y 6, además de la oficina A del quinto piso— junto con sus estacionamientos. El precio establecido fue nuevamente de USD 1.274.000, consignándose que el monto estaba totalmente pagado.
La operación fue explicada posteriormente por Ilan Grinspun, quien declaró haber administrado negocios de Messer en Paraguay. Según su versión, Matrix había ingresado como inversora y, cuando Messer decidió no continuar con el proyecto, el capital ya aportado se transformó en unidades inmobiliarias.
El escenario cambió a partir de 2018, cuando Messer quedó bajo investigación, huyó del país y posteriormente fue condenado en Brasil por lavado de dinero. Las autoridades comenzaron entonces a reconstruir su patrimonio y el papel de las sociedades vinculadas al cambista brasileño. En ese contexto, también fueron revisadas operaciones relacionadas con Paraqvaria.
En enero de 2020, Casabianca declaró ante fiscales y detalló los desembolsos de Matrix, el monto total y la cuenta bancaria utilizada. Sin embargo, entre la documentación individualizada en aquella declaración no figuraba el contrato del 28 de febrero de 2015 que vinculaba específicamente los USD 1.274.000 con las siete oficinas.
Ese documento resulta relevante porque establece el paso de una inversión a derechos sobre inmuebles determinados. Las siete oficinas tampoco quedaron incluidas dentro del comiso relacionado con Messer y permanecieron registralmente vinculadas a Paraqvaria.
El siguiente capítulo comenzó el 19 de julio de 2021, cuando Paraqvaria constituyó un fideicomiso de garantía. Los inmuebles fueron incorporados a una estructura en la que Banco Atlas actuó como fiduciario y Finexpar, actualmente Zeta Banco, como acreedor beneficiario. La operación garantizaba aproximadamente USD 1,55 millones, e incluyó las siete oficinas.
La entidad bancaria sostuvo posteriormente que Paraqvaria figuraba como propietaria registral, que los inmuebles estaban libres de gravámenes y que desconocía el contrato privado suscrito con Matrix.
Sin embargo, la secuencia plantea interrogantes sobre los controles realizados antes de incorporar los bienes al fideicomiso. ¿Qué documentación económica recibió Atlas? ¿Qué información tenía sobre los antecedentes contractuales de las oficinas? ¿Fueron verificados los aportes realizados originalmente por Matrix y los derechos que surgieron de ellos?
La fecha también resulta relevante: cuando Atlas recibió los inmuebles, Messer ya había sido condenado por lavado de dinero y Matrix ya estaba públicamente vinculada a su estructura patrimonial en Paraguay.
La ruta documental, en síntesis, muestra cuatro momentos: Matrix desembolsó USD 1.274.000; ese mismo monto fue convertido contractualmente en siete oficinas; los inmuebles permanecieron fuera del comiso relacionado con Messer y, en 2021, fueron incorporados a un fideicomiso administrado por Banco Atlas para respaldar una operación de aproximadamente USD 1,55 millones.
La pregunta que queda abierta no es únicamente cómo llegaron esos bienes al fideicomiso, sino qué verificaciones realizó el fiduciario antes de aceptarlos y qué información tuvo a disposición al momento de hacerlo.



