La conservadora Keiko Fujimori asumió el martes la presidencia del Perú por los próximos cinco años con el desafío de alcanzar la estabilidad después de una década de crisis política y frenar la alta criminalidad.
Fujimori juró ante el Congreso e indicó que defenderá la soberanía nacional, la libertad, la democracia y la independencia de poderes.
Fujimori, de 51 años, añadió que cumplirá y hará cumplir la Constitución, que respetará las leyes y velará por la integridad física y moral de todos los peruanos, «en especial de los que han sido históricamente postergados».
A pesar de la larga inestabilidad política que antecedió a su triunfo -con ocho presidentes en la última década- Fujimori se encontrará un país con una economía estable y en crecimiento favorecida por las exportaciones de minerales.
Su principal reto será el combate a la delincuencia organizada, en particular las extorsiones que se han expandido por casi todo Perú, donde las denuncias por ese delito pasaron de 2,421 en 2019 a 26.734 en 2025, según datos oficiales.
Keiko prometió en campaña que enfrentará el crimen con «mano dura» siguiendo el modelo del presidente salvadoreño Nayib Bukele. También ha dicho que construirá una cárcel similar a la salvadoreña Centro de Confinamiento del Terrorismo e implantará jueces con el rostro cubierto como ocurrió durante el gobierno de su padre.




