El presidente de la República, Santiago Peña, afirmó que “tiene las herramientas” para garantizar precios justos en la canasta básica, y que ha dado instrucciones para avanzar con “medidas concretas” en esa dirección.
En su cuenta de X, el mandatario expresó:
“Me preocupa que, aun cuando existen condiciones para bajar los precios, muchos productos de la canasta básica sigan igual de caros. Vamos a respetar el libre mercado, pero no vamos a mirar para otro lado. El Estado va a estar presente, vigilante, cuidando que los beneficios realmente lleguen al hogar de cada paraguayo.”
La declaración fue acompañada por la promesa de utilizar los mecanismos disponibles para frenar lo que considera precios injustificados. Sin embargo, no especificó si se tratará de medidas de estímulo al mercado —como reducción de impuestos, incentivos a la producción o importaciones— o de controles directos sobre los precios.
El riesgo del control artificial de precios
Economistas de todo el mundo advierten que la intervención artificial, como la fijación de precios máximos por decreto, puede provocar efectos adversos:
- Escasez de productos.
- Aparición de mercados paralelos.
- Desincentivo a la inversión y la producción.
El ejemplo más cercano es Argentina, donde los programas de “Precios Cuidados” y congelamientos forzados han derivado, en múltiples ocasiones, en góndolas vacías y aumento de la inflación real. En ese país, el control oficial no logró frenar las subas, y en muchos casos empujó a los productores a reducir calidad o dejar de abastecer.
La clave: cómo y con qué herramientas
Para los especialistas, la diferencia entre una medida eficaz y una contraproducente radica en qué tipo de “herramientas” se usan. Incentivar la competencia y mejorar la oferta puede favorecer la baja de precios; en cambio, imponer precios sin resolver el costo de producir o importar suele generar más problemas que soluciones.
Mientras tanto, consumidores, productores y comerciantes esperan detalles sobre las medidas anunciadas, en un contexto donde la inflación oficial es baja, pero la percepción en el bolsillo dice lo contrario.



