martes, 25 junio, 2024

Te odian, Kattya

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Casi todo el pueblo paraguayo al cual no representas en absoluto. Como no odiarte con todo lo que haces y decís, o sea, vos misma te haces odiar para luego acusar a los que te odian de odiarte, que estúpida sos.

No se puede parar el viento, así como no se puede parar el odio que generaste en la gente con tus payasadas y permanente cacareo sobre cualquier tema, siempre meando fuera del tarro, sentate para orinar chamiga.

Cualquier ciudadano común sabe que los que aman odian, no existe amor sin odio, luz sin tinieblas, frío sin calor.

Sin el sol del mediodía no conoceríamos el valor de la sombra

José Ingenieros

Nadie puede escapar a esta lógica, son leyes naturales, no se proyectaron en los parlamentos, por ello, las leyes positivas deben adecuarse a la naturaleza de las cosas.

Da la impresión que tu intención es “criminalizar” el odio, de hecho, eso responde a tu perversa línea política “progresista” que quiere convertir en delito cualquier opinión que vaya en contra de sus objetivos totalitarios de control sobre la sociedad.

Te voy a dar un poco de caviar.

No es “santo de mi devoción”, pero tuvo algunas alocuciones brillantes que trascendieron en la historia, otras no tanto, he aquí una de ellas:

La prohibición va más allá de los límites de la razón pues intenta controlar el apetito del hombre mediante la legislación y convierte en delito aquello que no lo es.

Abraham Lincoln

Del mismo modo, mañana se te ocurre proponer legalizar tu “poli-amor” e igualmente surgirá el “poli-odio” hacia vos y sería una contradicción insostenible que lo quieras penalizar.

Volviendo a la vieja ley de los contrarios, no puede haber “poli-amor” sin “poli-odio” pero no debe ser asunto de la «poli-cía».

Hay cierta gente que simpatiza contigo vaya uno a saber porque, son menos de 200 y eso se vio en la interna, ese es tu caudal real, ahí no se activó aún el aparataje del fraude. Sabes que estás donde estás por la estructura de la ex concertación, vos misma dijiste que sin ella es imposible llegar y es muy cierto, no hay otra manera, con los votos no se llega, pero con estructura aún sin votos se llega, sos el claro ejemplo. Le das plena razón a Stalin cuando dijo: “No gana el que tiene si no el que cuenta los votos”.

Sabés bien que no tenés legitimidad, por eso te pasas de alharaca, porque tus urnas están vacías y como dijo el rey sabio Alfonso X: «Los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen».

De vuelta al odio, me parece natural odiar a Hitler, al violador de una niña o de un niño, al que mata inocentes a sangre fría o al embajador degenerado que quiso sodomizar el Paraguay.

En la Biblia, en el libro de Eclesiastés, escrito por el rey más sabio de todos los tiempos, se lee en el capítulo 3 versículo 8 que hay tiempo de amar y tiempo de aborrecer, clarito como el agua y esto vos ni nadie va a cambiar.

Soberbia, vendida y traidora son adjetivos que, en mi opinión, te definen muy bien hoy día y no digo banda por decoro y delicadeza.

Vendes tu patria a la agenda global por un salario aun siendo una usurpadora, se sabe de tus trapisondas como abogada en la esfera privada y por tus últimas posiciones políticas en contra del Paraguay recibiste el mote de senadora argentina, colmo de colmos, como si no fuera suficiente, avalaste el aberrante documento “filtrado” de la embajada del mal al otrora “diario joven con fe en la patria” devenido en diario viejo en contra de todos los intereses legítimos de la patria. Es que los de la misma calaña se juntan en el mismo estercolero de traidores.

¿Cómo no odiarte entonces?

No sé cuándo fue, pero escuché parte de un discurso tuyo desde el curul donde apoyas tu célebre culo y me asustó la ensalada que tenés en la cabeza, la cual, no es rusa precisamente. Criticaste a Putin mezclándolo con el cambio climático, el machismo y la guerra en Ucrania; mona con Gillette que andás. Prueba de ello es tu halago a la vice presidente más ridícula e impopular de la historia de USA, otra tarada, pero con algo más peligroso que hojas de afeitar a su alcance: Kambala Harris.

Por último, pretendes ridículamente empoderar a las mujeres discriminando a los hombres mientras se ve en distintos videos como varios de ellos, muy «vairos» por cierto, te franelean, que hipocresía la tuya.

Sin duda has de considerar esta carta como un “discurso de odio” y seguramente lo es, naturalmente, porque odiarte significa amar al Paraguay.

Shabat shalom

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