martes, 28 mayo, 2024

La pasión que te demora

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Adan Amarilla
Adan Amarilla
Docente, entrenador, coordinador de proyectos.

Yace una excelente pieza musical del género rock de la banda argentina intitulada La Renga, La razón que te demora, la cual hace referencia a no repensar en demasía las decisiones por tomar. La recordé cuando pensé en la predecible reacción de muchos fanáticos de Cerro Porteño al enterarse del fichaje de su ex entrenador Francisco Arce por parte del clásico rival. Supuse que a tal acto sobrevendría una catarata de reacciones dominadas por la pasión y la sangre bombeando a niveles de presión estresantes.

Breviario de la pasión

La pasión es ese fuego interno que te consume y que te hace ir tras horizontes vangoghnianos, testear límites más allá de la propia comprensión de la situación. La pasión nos hace dar un paso más, no se sabe hacia dónde solo porque detenerse no es una opción.

Bien por este mundo que le da a la pasión la entidad y el reconocimiento necesarios. Muchos de los grandes movimientos, pasos de la humanidad solo se explican a partir de ese fuego que te consume por dentro y que te impulsa hacia infinitos e imposibles antojados de posibles.

Sin embargo, como todo en este mundo y todo lo de este mundo, también aguarda el ángel oscuro a la vuelta de la esquina. La pasión es conocida por empapar los flujos del raciocinio y tomar decisiones por su propio peso, imponiéndose por sobre los caminos construidos y la armoniosa propuesta de la racionalidad.

La pasión es esa viscosidad que se instala en tus ojos y los hace lucir añosos; es la hiel que se dispara en el torrente sanguíneo y va zahiriendo las arterias en una mezcla de inevitabilidad y de placer. El pasional es inevitable, lo sabe, va por la vida como un zombie respondiendo a comandos de mundos paralelos y de demiurgos ajenos a este plano terrenal.

La pasión que te demora

La pasión te demora, te retiene y te viste de ocasional e inesperado héroe. Pírrico héroe. Más nada. Aunque seas un titán, la pasión no te depara un futuro prometedor. El titán Cerro Porteño es una entidad hecha de pasión, declarada a los cuatro vientos «es un barrio de pasión…»

La búsqueda de este gigante con pies de barro atraviesa actualmente los dantescos páramos infernales. ¿Cómo llegó hasta ahí?

Probablemente, las decisiones regadas de pasión, solamente para respaldar la frustración coyuntural del hincha y brindar sendos potentes titulares a la prensa pueden explicar mucho de esta situación.

Tal vez, la decisión de prescindir de los servicios de Francisco Arce tuvo sustento, fue analizada y ejecutada. No se discute desde este lugar. Lo que sí se pone en tela de juicio crítico es esta reacción virulenta por parte de un sector de los fanáticos del club en pedir que las posibilidades futuras de volver a cruzarse los caminos sean definitivamente canceladas por traición.

Consideran que Francisco Arce simplemente no debe trabajar si es que la opción de trabajar es dirigir al tradicional rival. Lo que no encontré fue a alguien que, a la par de pedir que esto ocurra, que Chiqui no vuelva nunca más al barrio, hacerse cargo económicamente de la vida del profesional paraguayo. El gigante con pies de barro se demora aun haciéndose cargo de las consecuencias de toda decisión tomada con las tintas sanguíneas de la pasión. Mientras la razón yace sentada en el cuarto contiguo, la cabeza apoyada en los brazos, negando esta realidad, bufando frustración a sabiendas de que el castillo somero construido por orden pasional se derrumbará mañana con el ventarrón de cambio estacional.

Chiqui, «The Architec»

Como un demiurgo sin atributos divinos, actúa siempre con la precaria coherencia que le depara su condición de ser terrenal: ese fino equilibrio de caminar equilibrándose sobre el abismo, basado siempre en fundamentos. Con eso basta para erigirse como un preclaro arquitecto que diseña sueños de gloria para su amado club, imagina y dibuja imposibles puentes que lleven, al fin, al fenómeno popular a la tierra prometida desde tiempos originales.

Como demiurgo vestido de humano, sangra después de la cachetada que le rompe la boca, se desangra ante los andrajosos caminos de la vida y los sinsabores que nos depara con la pérdida.

Ahí va el arquitecto, algunas veces oscuro, de pasos pesados, en días en los que le pesa la vida y la ausencia. Y la injusticia y la memoria corta patrimonio universal del ser humano. Sin embargo, va, tozudo, caprichoso le dicen, pero él va con una inquebrantable fe como deber ser todo acto de fe. Fe en los fundamentos, en la razón, en la evidencia, en el sentido común. Este demiurgo es un sacerdote del sentido común, y a estas alturas, luego de tanto vituperio, de tanta pedreada de las hordas pasionales, plenamente consciente de la peligrosidad del juicio rápido.

Chiqui, the professional

El arquitecto es un profesional probado como tal. Y tal es consecuencia de todos los errores que están deparados a la condición. Ha cometido todas las equivocaciones posibles, y cometerá tantas como pueda. ¿Acaso lo diferencia de otros humanos? ¿Acaso los errores no nos configuran?

Francisco Javier Arce Rolón, el profesional. Ha hecho respetar la condición de entrenador y ha elevado a condición divina el oficio de construir paraísos posibles.

Probablemente, en una cultura diferente, no sería odiado por tal, por querer la excelencia, por mirar los cielos con tanta pasión, con tanta fe, con demasiados argumentos.

Sentido común

El menos común de los sentidos, dicen. El sentido común demanda que un profesional pueda aspirar libremente a trabajar. Es una obviedad cuando lo escribimos, pero… Digo esto porque hay fanáticos del titán Cerro Porteño enojados, despotricando contra la decisión de Francisco Arce de aceptar la propuesta de un club rival, y ¡TENER LA POSIBILIDAD DE TRABAJAR!

Se lee aburrido por lo obvio. Imagino que usted, amable lector, asiente con su cabeza. Porque es de pleno sentido común. Todos tenemos derecho a trabajar.

El anterior club de Chiqui decidió dar por terminado el contrato profesional que los unía, antes de tiempo. Entonces, quedó desempleado y tiene toda la RACIONALIDAD puesta a su disposición para justificar su disponibilidad para trabajar en otro lugar.

Uno más uno es igual a dos. Lo que ocurre con total normalidad en cualquier ámbito de la vida, ¿por qué no puede pasar en el fútbol?

Profesionalidad

El carácter profesional demanda una serie de conductas y tomas de decisiones basadas en fundamentos racionales. Sopesar, medir, aventurar hipótesis, evaluar, reformular. La profesionalidad exige aparte de decisiones caprichosas, emocionales, subjetivas.

La profesionalidad exige que las decisiones tomadas no sean aisladas, no sean islas. Exige que un proyecto abrigue y justifique las decisiones.

No se pueden tomar decisiones profesionales parados sobre enojos y frustraciones. No se puede decir «nuestros caminos no se cruzarán más» solo porque el profesional fue al rival. ¿Te vas a privar contar con un profesional capacitado solo porque estás molesto? Bueno, la vida te recomienda pensarlo mejor.

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