viernes, 01 marzo, 2024

Brasil, ¿Insurrección golpista o manifestación de vándalos?

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Nahem Reyes
Nahem Reyes
Nahem Reyes es doctor en Historia de la Universidad Católica Andrés Bello y miembro asociado del Centro de Estudios de América de la Universidad Central de Venezuela. Analista político

Sin duda, tres han sido las noticias que han copado el acontecer noticioso latinoamericano esta semana: las protestas y los actos vandálicos en la sedes de los Poderes Públicos del Brasil en la ciudad de Brasilia; las protestas en Perú y cuyos fallecidos ya ascienden a más de 40 y; la cumbre de Líderes de América del Norte celebrada esta semana en la capital mexicana y Andrés Manuel López Obrador como anfitrión de sus homólogos Joe Biden y Justin Trudeau de Estados Unidos y Canadá, respectivamente.

Sobre el caso brasileño, me tomé los días para esperar que las aguas se bajaran, tomar suficiente distancia, recopilar más información y poder emitir un análisis lo más objetivo posible, propio de un investigador serio y no un mero repetidor de noticias impactantes, que es lo que más pulula por los medios y las redes hoy.

En ese sentido, debemos comenzar justamente por el ¿qué?, ¿qué fue lo que ocurrió en Brasilia el pasado domingo cuando turbas destrozaron las sedes de los Poderes Públicos del Brasil asentados en la capital federal. La respuesta inmediata, fue la calificada por el mandatario izquierdista Luis Ignacio Lula DaSilva quien no vaciló en calificarlas de “golpe de estado” y una “insurrección” alentada por el expresidente Jair Bolsonaro.

Claro está, a esta versión, rápidamente se plegaron sus colegas del Foro de Sao Paulo y del Grupo de Puebla que junto a Biden y Trudeau condenaron los hechos, se plegaron para respaldar a Lula DaSilva, señalando que se trató de un “ataque a la democracia de Brasil”. En esa misma tónica, se sumaron los presidentes de Chile y Colombia, Boric y Petro, respectivamente, quienes pidieron intervención de la OEA con la activación de la Carta Interamericana.

Ahora bien, sin tanta pasión o exaltación, me pregunto ¿realmente fue un golpe de Estado?, ¿se puede considerar en términos técnicos, objetivos y serios de un “golpe de Estado” éstas protestas cuando evidentemente carecieron de apoyo militar?, la respuesta lógica, coherente y ajustada a los hechos es un rotundo no. Ahora Ud. me dirá, ¿por qué?, pues, se trató simplemente una manifestación, ciertamente violenta, perpetrada por un grupo minoritario –seguramente bolsonaristas radicales- que asaltaron Planalto (sede del Poder Ejecutivo), el Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia, donde comentario actos vandálicos, por tanto, innecesarios y condenables.

Pero entonces, ¿qué sentido tiene que el presidente Lula y sus colegas izquierdistas empleen las categorías conceptuales de insurrección o golpe de Estado a los hechos del pasado domingo 8 en Brasilia, son conceptos meramente retóricos o se trata de un simple error de apreciación? Nada más lejos de la realidad, se trata de usos conceptuales completamente intencionales que responden a factores netamente ideológicos.

Recordemos en el mismo Brasil, cuando a finales de 2016 y 2017 se produjeron manifestaciones violentas contra el gobierno de Michel Temer, el partido de la recién destituida por corrupción Dilma Rousseff las calificaron como “manifestaciones democráticas”. Ese mismo año, 2016 un grupo de manifestantes violentos rodearon la sede del Congreso de España para intentar impedir la juramentación de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno de España.

Sin contar, que los destrozos y actos terrorismo urbano como los perpetrados en Ecuador contra Lennin Moreno y luego contra Lasso, o los casos aún más emblemáticos como los de Chile o Colombia bajo el activo apoyo de los hoy presidentes Boric y Petro, fueron considerados “manifestaciones del pueblo” o “manifestaciones democráticas”.

En síntesis, y tal como lo recoge el comunicado del Foro de Madrid, lo que se observa la doble moral por parte de los líderes de la izquierda, quienes se apresuran a descalificar y desvirtuar los legítimos reclamos populares cuando son expresiones que no responden a sus objetivos programáticos e/o ideológicos, pero cuando sus hordas de violentos y terroristas urbanos destrozan propiedad pública o privada para imponer a través de la violencia su agenda socialista, esas son calificadas de genuinas expresiones de la voluntad soberana y democrática del pueblo. En crudo, narrativas que construyen para imponer su línea comunicacional a través de sus aparatos de propaganda y difusión.

Para cerrar, la popularidad del presidente Lula continuará cayendo, pues, en apenas días de mandato la misma cayó de 51% a 37%, tendencia que seguirá a la baja con el transcurrir de los días y el impacto de las medidas económicas anunciadas por éste en sus primeros días de gobierno, las cuales apuntan a devaluación del Real y contracción de la inversión, ello incrementa las dudas de la estabilidad financiera de Brasil. En fin, todo apunta que la economía brasileña se contraerá ante los inminentes días turbulentos para este 2023.

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