Cerro Porteño encontró un respiro en medio de una semana turbulenta y goleó 3-0 a Sportivo Luqueño, el equipo de Gustavo Costas necesitaba una respuesta. La consiguió sin demasiado esfuerzo, porque enfrente tuvo a un rival que pareció ausente durante los noventa minutos.
El Ciclón no tuvo que hacer demasiado para encaminar el encuentro. Luqueño, displicente de principio a fin, fue un equipo sin ideas, sin control del balón y sin argumentos para inquietar seriamente al conjunto azulgrana. Mientras los auriazules parecían haberse marchado a algún cumpleaños, Cerro aprovechó la invitación para comenzar a construir una victoria tranquila.
A los 12 minutos, Pablo Vegetti abrió el marcador. La jugada nació de un lateral de Blas Riveros, continuó con la intervención de Ariel Gamarra y un envío de Ignacio Aliseda. El cabezazo de Vegetti dio en el travesaño y el argentino aprovechó el rebote para empujar la pelota al fondo del arco.
A los 27 minutos llegó el segundo golpe. Aliseda volvió a participar, Fabricio Domínguez envió el centro y César Bobadilla estrelló su remate en el travesaño. Esta vez, Lucas Merolla estuvo atento al rebote y estableció el 2-0, para encaminar todavía más una noche sin sobresaltos para los dirigidos por Costas.
En la segunda etapa, Derlis Rodríguez completó la goleada con una definición que sentenció el partido. Tras combinar con Bobadilla, aprovechó un balón que volvió a quedarle a disposición luego de un desvío defensivo y firmó el 3-0 definitivo.
Cerro respiró después de una semana movida, marcada por decisiones drásticas y cambios que ahora deberán demostrar su verdadero efecto. La victoria alimenta la esperanza, aunque todavía falta comprobar si esta reacción tendrá continuidad.
Luqueño, en cambio, dejó una imagen preocupante: jugadores que parecían cumplir un horario de oficina, sin rebeldía ni ambición. Así, el Auriazul se hunde cada vez más en la mediocridad, mientras el Ciclón intenta reconstruirse. Una goleada puede devolver la confianza; sostenerla será la verdadera prueba.




