Olimpia volvió a mostrar una de sus peores versiones. El 1-1 frente a Nacional le permite conservar la punta, pero no consigue esconder una realidad cada vez más preocupante: el equipo de Pablo “Vitamina” Sánchez toca mucho, pero propone muy poco.
Desde el comienzo, el esquema presentado por el entrenador no encontró respuestas.
Olimpia manejó la circulación de la pelota durante buena parte de la primera etapa, pero aquella posesión fue absolutamente intrascendente. Mucho toque, poco fútbol. El Decano fue un equipo sin ideas claras, sin profundidad y prácticamente condenado a esperar que alguna inspiración individual destrabara un partido que él mismo se encargaba de complicar.
Y otra vez apareció Rubén Lezcano como uno de los puntos más bajos. Nervioso, ido, sin peso en el funcionamiento y con escasa disposición para aportar soluciones. Su única aparición importante llegó sobre el cierre de la etapa, cuando sacó un zurdazo rasante que obligó a Gerardo Ortiz a exigirse. El arquero tricolor desvió el remate y posteriormente tuvo que abandonar el campo en ambulancia, ingresando Elías Villar en su reemplazo.
Nacional, mientras tanto, entendió perfectamente el libreto. Se dedicó a esperar el error de Olimpia y encontró el premio a los 15 minutos. Franco Alfonso perdió una pelota en el mediocampo y el Tricolor salió disparado de contragolpe. Ignacio Bailone condujo la transición y habilitó a Orlando Gaona Lugo, quien definió con categoría para poner el 1-0.
El complemento modificó poco. Olimpia adelantó líneas, pero siguió teniendo que pedir permiso para atacar. Los remates fueron débiles, previsibles e intrascendentes, mientras Nacional se refugiaba cada vez más cerca de su área.
Después de una larga insistencia sin demasiada claridad, llegó el empate a los 29 minutos. Richard Sánchez ejecutó un córner y Hugo “Tanque” Sandoval ganó en las alturas para meter un potente cabezazo que superó a Villar y estableció el 1-1.
Después, más de lo mismo. Nacional intentó reaccionar sin orden ni ideas y Olimpia regresó a su fútbol de siempre: ataques débiles, poca precisión y ausencia de un norte ofensivo.
El Decano sigue arriba, sí. Pero vuelve a dejar una paupérrima imagen ante su público. No tiene claridad para atacar, su mediocampo hace aguas y su defensa ofrece espacios que los rivales solamente necesitan esperar para aprovechar.
Nacional tampoco puede sacar pecho. Mostró poco, fue conformista y apostó casi exclusivamente al contragolpe. Con semejante propuesta, será difícil imaginarlo llegando lejos cuando lleguen las etapas decisivas del campeonato.
Olimpia, mientras tanto, continúa en la cima. Pero cada partido deja una pregunta más grande: ¿hasta cuándo podrá sostenerse un líder que juega tan poco?



