Hay una parte de la relación entre Paraguay y Taiwán que muchas veces queda fuera de la discusión cuando se habla de cooperación: las becas para formar profesionales paraguayos. No son nuevas ni surgieron con la actual ola de proyectos tecnológicos. Llevan décadas y, con el paso del tiempo, fueron dejando algo mucho más importante que una estadística: capital humano.
Desde 1991, el Gobierno de Taiwán otorgó 818 becas completas a jóvenes paraguayos para estudiar en Taiwán, y alrededor de 330 ya regresaron al país con sus títulos. Es decir, durante más de tres décadas, cientos de paraguayos tuvieron acceso a formación universitaria y de posgrado en áreas estratégicas.
La política continúa. Para 2026, 51 estudiantes paraguayos fueron adjudicados con becas MOFA-Taiwán: 47 para carreras de grado STEM, tres para posgrados STEM y uno en Salud Pública. Las becas de grado pueden extenderse por cuatro años y contemplan pasajes y una asignación mensual destinada a cubrir alojamiento, alimentación, transporte, seguro médico y otros gastos.
Pero lo más interesante quizás esté en lo que ocurre cuando esos conocimientos regresan a Paraguay.
Hoy la relación académica ya no se limita a enviar estudiantes al extranjero. La Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay (UPTP) mantiene convenios de intercambio con Taiwan Tech y desarrolla nuevas alianzas académicas, científicas y tecnológicas. En septiembre de este año, la UPTP y el National Science and Technology Council de Taiwán comenzaron a explorar mecanismos para financiar investigaciones conjuntas entre académicos paraguayos y Taiwan Tech.
También hay una conexión cada vez más directa con las necesidades de la nueva economía. La UPTP, Taiwan Tech y el SNPP están trabajando en nuevos programas curriculares que incorporen inteligencia artificial a la formación técnica.
Y es justamente ahí donde las viejas becas empiezan a tener una lectura diferente.
Paraguay está intentando aprovechar una de sus principales ventajas: la disponibilidad de energía eléctrica para atraer proyectos vinculados con centros de datos, inteligencia artificial y servicios tecnológicos. En mayo de 2026, Paraguay y Taiwán firmaron un memorando para avanzar en un Centro de Cómputo de Inteligencia Artificial Soberana, cuya primera fase fue estimada en más de USD 300 millones. El propio Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán señaló que el proyecto busca combinar la energía paraguaya con tecnología y talento especializado, y generar nuevas oportunidades de empleo para jóvenes.
Incluso la posibilidad de atraer empresas tecnológicas internacionales empieza a conectarse con esta estrategia. Ya no se trata solamente de tener electricidad disponible. Para que lleguen inversiones de alto nivel hace falta gente capaz de diseñarlas, operarlas, mantenerlas y desarrollar nuevas soluciones.
Ahí aparece el verdadero valor de una política de becas sostenida durante décadas.
Una beca no termina cuando el estudiante obtiene su título. Parte de su efecto se ve años después, cuando ese profesional vuelve, trabaja, enseña, investiga, crea una empresa o participa en proyectos que antes parecían imposibles.
Por eso, la relación educativa entre Paraguay y Taiwán merece ser mirada más allá de la cantidad de estudiantes beneficiados. La formación de ingenieros, especialistas e investigadores está empezando a conectarse con una etapa distinta del país, en la que Paraguay busca dejar de ser solamente un proveedor de materias primas y convertirse también en un espacio para la tecnología, la innovación y la industria de conocimiento.
Las becas comenzaron mucho antes de que se hablara de inteligencia artificial, data centers o grandes inversiones tecnológicas. Hoy, ese capital humano formado durante décadas puede convertirse en una de las piezas necesarias para que esas oportunidades efectivamente puedan desarrollarse en Paraguay.




