Libertad se quedó con una victoria que le permite recuperar la punta del Clausura y dejar al Gallo Norteño un punto por debajo. Pero más allá del festejo y del lugar privilegiado en la tabla, el Gumarelo dejó bastante que desear. Ganó, sí; convenció, muy poco.
El primer tiempo fue trabado, con demasiadas interrupciones y escaso fútbol. 2 de Mayo intentó asumir la iniciativa, pero cada vez que consiguió aproximarse al área visitante apareció el mismo problema: imprecisión. Le faltó claridad para transformar su intención en verdadero peligro. Libertad, mientras tanto, prácticamente no encontraba ideas para construir juego y se mostraba demasiado tibio, como esperando que el partido se resolviera por alguna circunstancia.
Y esa circunstancia apareció cuando menos lo merecía. A los 43 minutos, una desafortunada acción entre Alexis Villalba y César Ramírez terminó con este último enviando accidentalmente la pelota contra su propia portería. Autogol y 1-0 para Libertad, un premio demasiado generoso para un equipo que había hecho poco para merecerlo.
2 de Mayo salió al segundo tiempo decidido a buscar la igualdad. Fue más incisivo, adelantó líneas y trató de llevar el partido hacia el terreno gumarelo, pero volvió a tropezar con la misma piedra: le faltaron ideas claras en los metros decisivos. Y, para peor, la desesperación comenzó a apoderarse del equipo.
El nerviosismo fue creciendo hasta convertirse en un enemigo más peligroso que el propio Libertad. Las protestas y la impotencia terminaron condicionando al conjunto pedrojuanino. Fernando Cáceres, ya desde el banco, fue expulsado por sus reclamos, mientras el equipo perdía progresivamente la cabeza y el partido se le escapaba de las manos.
Libertad, sin jugar gran cosa, aprovechó el desconcierto. A los 89 minutos, una falta sobre Luciano Nequecaur derivó en penal y el argentino se encargó de sentenciar el partido desde los doce pasos. El 2-0 fue definitivo.
Así, el Gumarelo se encarama nuevamente a la cima, pero su fútbol todavía no justifica semejante posición. Dependerá también de que los demás tropiecen para sostenerse arriba. Y lo de 2 de Mayo tampoco sorprende demasiado: ya venía caminando a los tumbos en varios partidos. Tarde o temprano, una caída así podía llegar. Esta vez, el Gallo no cantó: se desplumó solo.




