La trayectoria gremial de la doctora Rossana González no comenzó en SINAMED (Sindicato Nacional de Medicos), comenzó a gestarse en 1996, cuando viajó a Cuba como parte de un programa de becas para jóvenes paraguayos que buscaban formarse en Medicina. Permaneció aproximadamente siete años en la isla y allí desarrolló no solo su preparación profesional como médica, sino también una formación política vinculada al modelo educativo cubano de aquel período.
González ha relatado que inicialmente intentó obtener una beca para estudiar Medicina en Brasil, pero al no conseguirla se presentó a la convocatoria para Cuba. En 1996 viajó a la isla y permaneció allí durante siete años. Durante ese período tuvo además a su hija y continuó con sus estudios hasta completar su formación médica.
La particularidad de su formación universitaria estuvo en que se desarrolló dentro de un sistema educativo que incorporaba explícitamente componentes políticos e ideológicos al proceso académico. Durante los años en que González permaneció en Cuba, las universidades desarrollaban programas de formación político-ideológica orientados a complementar la preparación profesional con determinados «valores» y «concepciones» sobre la sociedad, el Estado, el compromiso social y el proyecto revolucionario.
En el caso de los estudiantes de Medicina, esta formación no estaba concebida únicamente como una actividad ajena a la carrera. El sistema cubano promovía la formación integral del futuro médico, incorporando contenidos vinculados con filosofía marxista, historia de la Revolución, valores sociales e internacionalismo, además de actividades educativas y políticas organizadas dentro de las instituciones universitarias.
Para los estudiantes extranjeros, el componente político adquiría además una dimensión particular. Cuba concebía sus programas de becas como parte de una política de cooperación internacional. En 1998, Fidel Castro mencionó públicamente a los paraguayos beneficiados con becas de Medicina y explicó que el objetivo de estos programas era formar profesionales que posteriormente pudieran regresar a sus países y trabajar especialmente en comunidades con mayores necesidades.
En ese contexto, la formación de González no puede entenderse exclusivamente como la adquisición de conocimientos médicos. Su paso por Cuba se produjo dentro de un modelo educativo que buscaba formar profesionales identificados con determinados valores políticos y sociales promovidos por el Estado cubano.

Esto no significa que su posterior trayectoria sindical pueda atribuirse automáticamente a aquella formación, pero sí permite establecer que su formación universitaria ocurrió en un ambiente donde la preparación profesional y la formación político-ideológica coexistían como componentes del proyecto educativo.
La reconstrucción de su trayectoria plantea así un elemento de interés: una médica formada durante siete años en el sistema universitario cubano de la década de 1990, en un período en el que la educación profesional estaba acompañada por políticas explícitas de formación política e ideológica, terminó convirtiéndose décadas después en una de las principales dirigentes gremiales del sector médico paraguayo.
Su formación y los siete años de permanencia en Cuba constituyen, por tanto, un antecedente relevante para analizar su posterior trayectoria sindical. Más que un dato anecdótico de su biografía, aquella etapa transcurrió dentro de un modelo educativo que combinaba la preparación profesional con una formación política e ideológica definida. Comprender ese contexto permite incorporar una dimensión adicional al análisis de sus posiciones públicas y de su accionar gremial en Paraguay.




