Paraguay deberá mirar con angustia lo que ocurra en otras canchas. El empate sin goles frente a Australia fue otro partido en el que la Albirroja volvió a mostrar una preocupante falta de actitud, excesivo respeto por un rival que jamás justificó ese temor y una alarmante incapacidad para imponer condiciones.
El equipo de Gustavo Alfaro terminó tercero en el Grupo D con cuatro puntos y quedó obligado a esperar una combinación de resultados para acceder a los dieciseisavos de final como uno de los mejores terceros.
Lo más decepcionante fue que Australia tampoco hizo un gran partido. Los oceánicos manejaron por momentos la posesión, especialmente durante la primera etapa, pero sus aproximaciones fueron tímidas y nunca generaron un verdadero peligro sobre el arco paraguayo. Sin embargo, Paraguay jugó como si tuviera enfrente a una potencia imposible de desafiar. Cedió la iniciativa, dividió demasiado la pelota y prácticamente renunció a atacar durante gran parte del encuentro.
Alfaro sorprendió con una línea de cinco defensores que terminó restándole presencia ofensiva al equipo. Andrés Cubas fue el sostén del mediocampo con un enorme despliegue, mientras Matías Galarza recuperó numerosos balones. Julio Enciso apareció demasiado lejos del área y Gabriel Ávalos estuvo completamente controlado por la defensa australiana.
En el complemento ingresaron Mauricio, Alex Arce, José Canale, Junior Alonso y Damián Bobadilla. Mauricio fue quien le dio algo de rebeldía al equipo y, ya en tiempo de descuento, desperdició la ocasión más clara con un remate débil que controló sin inconvenientes el arquero australiano. Además, Omar Alderete abandonó el campo lesionado y Diego Gómez fue amonestado, por lo que deberá cumplir suspensión si Paraguay logra avanzar.
La situación ahora resulta tan incómoda como vergonzosa. Paraguay ya no depende de sí mismo y quedó esperando que no más de dos selecciones que finalicen terceras en los grupos restantes superen sus cuatro puntos o mejoren sus criterios de desempate. Actualmente ocupa de manera provisoria el cuarto lugar entre los mejores terceros, una posición que todavía lo mantiene con vida, pero cualquier combinación favorable para los equipos que aún deben jugar puede dejarlo eliminado.
Después de recuperar su identidad frente a Turquía, la selección volvió a mostrar una preocupante versión sin ambición. Contra un rival limitado, que atacó con timidez y jamás impuso condiciones, Paraguay eligió refugiarse en vez de ir a buscar el triunfo que le aseguraba la clasificación. El resultado final no refleja solamente un 0-0: refleja una oportunidad desperdiciada y la patética realidad de tener que sentarse a esperar que otros hagan el trabajo que la Albirroja no fue capaz de hacer por sí misma.




