Cerro Porteño hizo lo que tenía que hacer. Venció a Sporting Cristal en La Nueva Olla, terminó como líder de su grupo en la Copa Libertadores y dejó una imagen futbolística. El problema para el Ciclón es que un buen cierre internacional no alcanza para esconder un semestre lleno de errores, improvisaciones y problemas internos que siguen sin resolverse.
Anoche, ante un Sporting Cristal extremadamente liviano, Cerro manejó el partido casi de principio a fin. Durante toda la primera etapa fue dueño de la pelota, controló los tiempos y jugó instalado en campo rival. Le faltó únicamente precisión para abrir el marcador antes del descanso. Cecilio Domínguez apareció constantemente por izquierda, Jonatan Torres complicó con movilidad y Vegetti tuvo dos situaciones claras que no logró concretar.
El conjunto peruano apenas insinuó algo con ataques débiles y sin convicción. Tuvo un par de aproximaciones, pero nunca generó verdadero peligro para Alexis Arias. Cerro defendió cómodo, sin sobresaltos y con una línea defensiva que pasó una de las noches más tranquilas del semestre.
El gol finalmente llegó a los 51 minutos. Jorge Morel metió un centro preciso desde la derecha y Pablo Vegetti apareció dentro del área para conectar y vencer a Diego Enríquez, desatando el alivio azulgrana. A partir de ahí, Sporting Cristal se derrumbó completamente. El equipo peruano dejó de competir y Cerro empezó a jugar prácticamente a voluntad.
El segundo tanto llegó a los 67 minutos, cuando Cecilio Domínguez cambió por gol un penal con absoluta tranquilidad, definiendo fuerte y dejando sin reacción al arquero visitante. Ahí se terminó definitivamente el partido. Cristal ya no fue rival y Cerro manejó el cierre sin ninguna clase de complicaciones.
El Ciclón gana su grupo y llega fortalecido a los octavos, pero la realidad sigue siendo incómoda. El semestre fue malo. La pretemporada estuvo lejos de ser seria, continúan los atrasos salariales y el plantel necesitará refuerzos de jerarquía si pretende competir de verdad después del Mundial. La clasificación entusiasma, sí, pero en Barrio Obrero saben perfectamente que todavía hay demasiadas cuentas pendientes.




