Las encuestas comienzan a consolidar una tendencia incómoda para Arnaldo Samaniego en la carrera interna colorada por la intendencia de Asunción. Tanto Ati Snead Consultores como Multitarget coinciden en algo central: hoy, Camilo Pérez aparece claramente mejor posicionado dentro del electorado de la ANR capitalina.
El último estudio de Ati Snead otorga a Pérez un 49,6% de intención de voto frente al 32,6% de Samaniego. Por su parte, Multitarget, aunque con cifras distintas, también proyecta una ventaja importante para el primero: 33,94% contra 24,96%.
La pregunta entonces deja de ser quién lidera las encuestas y pasa a ser otra: ¿por qué pierde Arnaldo Samaniego?
En sectores disidentes se intenta instalar la idea de que la diferencia responde exclusivamente al “aparato”. Sin embargo, el argumento parece débil. Si existe una estructura política históricamente consolidada dentro de Asunción, es precisamente la de los Samaniego. Hablar de falta de maquinaria electoral en ese espacio político resulta, cuanto menos, poco convincente.
La explicación probablemente sea más profunda y tenga relación con algo que transformó definitivamente la política moderna: la memoria digital.
En la era de las redes sociales ya no existen archivos muertos. Los antecedentes, contradicciones, vínculos y cuestionamientos reaparecen permanentemente. Y cuando una candidatura intenta presentarse como renovación, inevitablemente queda expuesta a quiénes la rodean.
Allí aparece uno de los principales problemas de la campaña de Samaniego: varios de los rostros que lo acompañan difícilmente representan una renovación real para el electorado joven colorado.
Uno de los casos más mencionados es el de Elías Fleitas, expresidente de CEDUNA y funcionario vinculado políticamente a Samaniego. Fleitas arrastra desde hace años fuertes cuestionamientos provenientes de distintos sectores universitarios, incluyendo acusaciones informales sobre prácticas clientelares dentro de estructuras estudiantiles y supuestos manejos irregulares en elecciones universitarias.

Aunque muchas de esas críticas no derivaron en causas formales, el problema político no necesariamente pasa por lo judicial, sino por la percepción pública.
En entornos juveniles opositores e incluso dentro de sectores independientes de la propia ANR, Fleitas suele ser presentado como símbolo de una “casta universitaria reciclada”, asociada a prácticas prebendarias y estructuras tradicionales de poder dentro de la universidad pública.
Y ese punto resulta particularmente sensible en una elección donde el desgaste de la vieja política aparece como uno de los factores más determinantes.
La dificultad para Samaniego no parece estar únicamente en la capacidad operativa de su rival, sino en la imposibilidad de instalar una narrativa de cambio creíble mientras parte de su equipo representa exactamente aquello que muchos votantes jóvenes rechazan.
Camilo Pérez, en cambio, logró posicionarse como una figura menos cargada de pasado político y menos asociada a estructuras tradicionales altamente desgastadas dentro de Asunción. En un contexto donde la imagen, la percepción y el rechazo pesan tanto como la estructura territorial, eso termina siendo una ventaja enorme.
La política paraguaya cambió. Hoy ya no alcanza solamente con operadores, seccionales y movilización. Las nuevas generaciones consumen política desde TikTok, Instagram y X, donde los archivos reaparecen constantemente y donde la reputación pública puede deteriorarse mucho más rápido que antes.
Quizás allí esté la verdadera explicación de por qué Arnaldo Samaniego pierde terreno: no porque le falte aparato, sino porque parte importante del electorado comienza a asociar su proyecto con una continuidad de prácticas políticas que muchos ya no quieren volver a votar.




