Como era de esperarse, Palmeiras tomó la iniciativa desde el primer minuto, adueñándose de la posesión y empujando a Cerro Porteño contra su propio arco. El desarrollo del partido en la primera etapa fue prácticamente un monólogo del conjunto brasileño, aunque sin la puntería necesaria para romper el cero. Cerro, fiel a su plan, se replegó con orden, apostando a cerrar espacios y salir rápido cuando podía.
Durante esos primeros 45 minutos, Palmeiras generó situaciones claras de gol, con remates desde media distancia y llegadas por los costados, pero se topó con una defensa azulgrana atenta en varios momentos clave. El partido, aunque dominado territorialmente por el local, tuvo tramos disputados donde Cerro logró incomodar y hasta enfriar el ritmo con inteligencia táctica.
El quiebre llegó apenas iniciado el segundo tiempo. A los 2 minutos, una pérdida insólita de Jhon Arias en mitad de cancha desencadenó la jugada decisiva. Cerro recuperó, salió disparado en transición y, con una jugada directa y letal, terminó encontrando a Pablo Vegetti, que definió con jerarquía para marcar el 0-1. Gol de manual: recuperación, velocidad y frialdad absoluta en la definición.
A partir de ahí, Palmeiras se lanzó con todo. Fue un asedio constante, un aluvión de ataques sobre el área paraguaya. Cerro resistió como pudo, defendiendo con el alma más que con la pelota. El equipo brasileño tuvo chances clarísimas para empatar, incluyendo un remate que se estrelló en el travesaño, pero la falta de eficacia y la firmeza defensiva azulgrana mantuvieron el resultado.
Los minutos finales fueron de sufrimiento total para Cerro, que defendió cada pelota como si fuera la última. El pitazo final desató la celebración: triunfo histórico en Brasil, el primero ante Palmeiras en ocho años de enfrentamientos internacionales.
Más allá del análisis táctico, el resultado vale oro. Cerro no solo rompe una racha negativa frente al “Verdao”, sino que además asegura su clasificación a los octavos de final de la Copa Libertadores, permitiéndose mirar el futuro con otra tranquilidad, aunque sabiendo que el margen de error sigue siendo mínimo si quiere competir de verdad.




