Cerro Porteño volvió a exhibir su versión más pobre, esa que desespera a su gente y alimenta la sensación de estar ante un equipo sin alma. El 0-0 ante Nacional en el Defensores del Chaco no solo suma poco en la tabla, sino que deja una imagen alarmante: un plantel sin carácter, sin ideas y completamente incapaz de imponerse ante un rival que venía golpeado.
El arranque fue un reflejo claro de la actitud de ambos. Nacional tomó la iniciativa desde el primer minuto, manejó mejor la pelota y generó un par de aproximaciones que, por falta de claridad, terminaron en la nada. Cerro, en cambio, tardó una eternidad en meterse en partido. Recién cerca de los 20 minutos empezó a acomodarse, aunque sin profundidad ni convicción.
El momento clave del primer tiempo llegó con el gol anulado a Pablo Vegetti. Centro al área, anticipo del delantero y definición certera. Sin embargo, el VAR intervino durante largos minutos para sancionar un offside milimétrico. Sí, la regla dice que está adelantado, pero es imposible no señalar lo absurdo: decisiones por centímetros que enfrían el juego, hacen perder tiempo y dañan la esencia del fútbol.
Después de eso, muy poco. El partido cayó en un pozo hasta la expulsión de Hugo Iván Valdez a los 49, en una jugada además discutida.
En el segundo tiempo, Nacional volvió a quedarse con uno menos tras la roja clara a Leandro Meza a los 49’. Todo parecía servido para que Cerro pasara por encima. Pero no. No hubo reacción, no hubo rebeldía, no hubo absolutamente nada.
El equipo de Ariel Holan fue intrascendente, previsible y desordenado. Un conjunto sin plan, sin ideas, con un técnico que parece no saber dónde está parado. Nacional, con nueve hombres, resistía como podía y Cerro atacaba a los tumbos.
Recién en el tramo final el “Ciclón” empujó algo más, pero ahí apareció la figura de Santiago Rojas, salvando al menos cuatro situaciones clarísimas para sostener el empate.
El balance es lapidario: Cerro es un equipo sin sangre, sin hambre de triunfo, con jugadores mal físicamente y un entrenador perdido en decisiones incomprensibles. Ni siquiera contra nueve pudo. Y eso ya no es casualidad, es una señal grave.




