Cerro Porteño consiguió un triunfo por 2‑0 sobre Deportivo Recoleta en La Nueva Olla, pero el resultado apenas maquilla las enormes dudas que el equipo sigue dejando en cada partido. A pesar de dominar el balón gran parte del tiempo y tener el escenario servido ante un rival con once alternativo, lo que se vio en la cancha vuelve a poner en evidencia la debilidad ofensiva y la carencia de ambición del Ciclón.
Desde el inicio, Cerro fue dueño de la posesión y movió la pelota con paciencia, como suele hacer. Sin embargo, cada vez que el equipo tenía la posibilidad de acelerar y meter un ataque con claridad, la jugada se diluía. Los volantes parecían dudar, los delanteros se retrasaban y, cuando intuían que podían abrir el marcador, reculaban para “reiniciar” la jugada. Esa sensación de conformismo es lo que alarma: da la impresión de que a los jugadores les falta hambre de triunfos, como si temieran ir un paso más allá por miedo a equivocarse.
El primer tanto llegó tras una asistencia de Marcelo Chaparro para Juan Manuel Iturbe, quien definió con toque sutil en el segundo tiempo para romper la paridad y poner el 1‑0. Era la oportunidad perfecta para que Cerro mostrara ambición y liquidara rápido, pero en vez de eso, retrocedió sus líneas y volvió a caer en la monotonía de fútbol inconexo.
Más tarde, con pelota quieta, un cabezazo de Matías Pérez tras un tiro libre de Cecilio amplió la diferencia. Fue suficiente para sellar el 2‑0, aunque ni siquiera fue fruto de una dinámica ofensiva contundente, sino de una jugada aislada.
Mientras tanto, Recoleta, con equipo suplente pensando en su gran duelo por Copa Sudamericana, supo llegar algunas veces al área rival, aunque siempre le faltó claridad para definir. Ese mérito momentáneo del Canario expone aún más la incapacidad de Cerro para aprovechar este tipo de partidos: ante rivales alternativos, debería golear… y terminó conformándose con un áspero 2‑0.
El triunfo da un alivio momentáneo, pero no convence. Si Cerro Porteño sigue jugando con este nivel de ataque endeble y sin hambre de ir por más, difícilmente logrará los objetivos grandilocuentes que pregona su entrenador sobre ganar la Libertadores y el bicampeonato, una tremenda venta de humo industrial.




