Olimpia volvió a demostrar que puede pasar una enorme cantidad de minutos con el balón en los pies sin que eso signifique absolutamente nada. El empate 1-1 ante Guaraní fue otra exhibición de los eternos problemas que persiguen al Decano y que, aparentemente, nadie dentro del equipo logra, o no quiere corregir.
Desde el comienzo, Olimpia fue un conjunto sin ambición. Tuvo la posesión, intentó manejar el trámite y se instaló en campo rival, pero como ocurre partido tras partido, todo terminó siendo una ilusión. El balón circulaba, los ataques se construían principalmente por las bandas y, cuando finalmente llegaban al área rival, parecía que los jugadores debían pedir permiso para rematar al arco.
En todo el primer tiempo, el Franjeado apenas generó dos o tres ocasiones realmente interesantes. El resto fue el mismo fútbol insípido de siempre: posesión estéril, ataques previsibles e incapacidad para transformar el dominio territorial en peligro verdadero.
Guaraní entendió perfectamente cómo jugarle a este Olimpia. Aplicó una fórmula que ya conocen todos los rivales: esperar pacientemente los errores defensivos del Decano y atacar cuando aparezca la oportunidad. El Indio prácticamente permaneció estático durante buena parte de la primera etapa, hasta que Olimpia volvió a descuidarse. Un error defensivo terminó permitiendo la jugada que Juan Manuel García convirtió en el 1-0.
La segunda etapa no cambió demasiado. Olimpia siguió teniendo el balón, pero siguió sin encontrar profundidad. Ni siquiera el ingreso del debutante Gabriel Ávalos consiguió modificar inmediatamente la pobre producción ofensiva del equipo.
Recién a los 36 minutos del complemento, Richard Ortiz consiguió empujar el balón para establecer el empate. Y entonces se esperaba una reacción furiosa del Decano, un aluvión ofensivo en busca de la victoria. Pero ocurrió exactamente lo contrario.
Fue Guaraní el que mostró mayor intención de ganar.
El equipo aurinegro jugó con actitud, personalidad y dejó la sensación de haber comenzado a superar, al menos por ahora, los problemas que venía arrastrando. El estreno de Francisco “Chiqui” Arce terminó con señales alentadoras.
Olimpia, en cambio, continúa atrapado en el mismo círculo vicioso. No corrige sus errores defensivos, no mejora su definición y, lo más preocupante, no transmite hambre de ganar. Puede seguir teniendo la pelota, pero mientras no tenga ambición, esa posesión seguirá siendo solamente una estadística.
Y tarde o temprano, esos eternos errores le pasarán una factura muy cara.




