Durante el primer Congreso ProDinamis “Una Patria Nueva”, en el panel de «Desarrollo Económico y Social», el economista Francisco Ruiz Díaz expuso sobre los cambios que atraviesa el mundo rural y la necesidad de adaptar las políticas de tierras a una realidad productiva y social diferente.
La realidad del campo paraguayo está cambiando y, con ella, también deben evolucionar las políticas públicas destinadas al desarrollo rural. Esta fue una de las principales ideas planteadas por el Econ. Francisco Ruiz Díaz, durante su exposición sobre “La Nueva Ruralidad” en el primer Congreso ProDinamis “Una Patria Nueva”.
Ruiz Díaz, presidente del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT), realizó un recorrido por la evolución de la política de tierras en Paraguay y señaló que, pese a décadas de colonización y reforma agraria, persisten problemas estructurales en la distribución y formalización de la tierra.
Según los datos presentados, tras 145 años de colonización y 122 años de reforma agraria, la estructura agraria no se modificó sustancialmente. El material señala además que entre las instituciones que administraron los procesos de distribución de tierras —DTC, IRA, IBR e INDERT— se transfirió aproximadamente el 5% de la tierra.
Otro dato destacado es que el 51% de las fincas no cuenta con título, de acuerdo con el CAN 2022, mientras que la presentación estima que el 37% de la tierra estaría fuera del circuito formal. También se calcula una pérdida anual equivalente al 2% del PIB debido a conflictos vinculados a la tierra.
Uno de los argumentos centrales de Ruiz Díaz fue que las políticas rurales necesitan responder a una realidad que cambió profundamente.
Identificó varios factores que caracterizan esta transformación: una población rural envejecida, la multifuncionalidad del suelo, el crecimiento de los empleos no agrícolas, la incorporación del productor campesino a las cadenas de valor agroalimentarias y el impacto de la tecnología sobre el paisaje rural.
En este nuevo escenario, el campo deja de ser entendido exclusivamente como un espacio destinado a la producción agrícola. También adquieren importancia los servicios, la infraestructura, la salud, la educación, la tecnología y las nuevas actividades económicas que se desarrollan en las comunidades rurales.
Ruiz Díaz vinculó este fenómeno con la necesidad de construir una “nueva ruralidad”, capaz de responder a las transformaciones demográficas, económicas y tecnológicas que atraviesan las zonas rurales.
La propuesta expuesta durante el congreso plantea ampliar la mirada sobre la política rural. El acceso a la tierra continúa siendo un componente fundamental, pero debe estar acompañado por mecanismos que permitan a los productores integrarse efectivamente a la economía.
Entre los pilares de la nueva ruralidad aparecen los mercados, la productividad y el desarrollo integral.
En materia económica, se plantean herramientas como las compras públicas, la comercialización y los acuerdos internacionales, mientras que en el ámbito productivo se destaca la importancia de la innovación tecnológica y la asistencia técnica.
La formalización de la propiedad también ocupa un lugar central, con una propuesta de titulación masiva, especialmente orientada a mujeres y jóvenes. A esto se suman la inclusión y educación financiera, el acceso a tierras y la promoción del cooperativismo y las alianzas entre los sectores público y privado.
La visión presentada por Ruiz Díaz también incorpora dimensiones que van más allá de la producción y el ingreso. La nueva ruralidad contempla educación, salud, infraestructura, energía y vivienda como componentes esenciales del desarrollo integral de las comunidades.
Esta perspectiva busca que el desarrollo rural no se limite a entregar o formalizar tierras, sino que genere las condiciones necesarias para que las familias puedan producir, acceder a mercados, incorporar tecnología y construir proyectos de vida sostenibles en sus propios territorios.
En ese sentido, la exposición plantea un cambio de enfoque: la política de tierras debe evolucionar hacia una política integral de desarrollo rural, acorde con las nuevas características del campo paraguayo.
La “nueva ruralidad” propuesta en el Congreso ProDinamis apunta así a combinar tierra, productividad, mercados, tecnología, formalización y servicios públicos, con especial atención a mujeres y jóvenes, para convertir el territorio rural en un espacio de oportunidades y desarrollo.




