La emergencia provocada por los fuertes terremotos registrados el pasado 24 de junio continúa agravándose en Venezuela, donde el balance oficial de víctimas fatales asciende a 1.943 personas, mientras miles de familias permanecen sin acceso a alimentos, refugio y servicios básicos.
Uno de los puntos más afectados es el estado de La Guaira, donde la situación humanitaria alcanza niveles críticos. De acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la escasez de alimentos es generalizada y la infraestructura esencial se encuentra prácticamente colapsada, dificultando la asistencia a la población damnificada.
Los dos sismos, de magnitudes 7,2 y 7,5, figuran entre los más intensos registrados en América Latina en los últimos años y provocaron una destrucción de gran escala en varias zonas del país.
Mientras el Gobierno venezolano confirmó el fallecimiento de 1.943 personas, la Organización de las Naciones Unidas estima que alrededor de 50.000 personas permanecen desaparecidas, una cifra que no ha sido reconocida oficialmente por las autoridades.
Según los datos difundidos por el Ejecutivo, al momento de los terremotos unas 30.000 personas se encontraban en La Guaira. De ellas, 6.461 fueron rescatadas y más de 13.000 lograron abandonar la zona por sus propios medios o con ayuda de equipos de emergencia. Sin embargo, las autoridades no han brindado información sobre el paradero del resto de la población.
La diferencia entre las cifras oficiales y las estimaciones de organismos internacionales mantiene abierta la incertidumbre sobre la verdadera magnitud de la tragedia, mientras continúan las labores de búsqueda y asistencia en un país que ya enfrentaba una prolongada crisis económica y social antes del desastre natural.




