La oposición paraguaya vuelve a dar señales de creatividad política, aunque no precisamente en el terreno de las ideas, sino en el arte de adelantarse a los hechos. En lo que ya parece una nueva disciplina dentro del sector, la de las autoproclamaciones, la exsenadora Kattya González decidió no quedarse atrás y directamente anotarse como candidata a presidenta de la oposición… sin escalas previas.
Nada de internas, consensos ni procesos. En una muestra de eficiencia política digna de estudio, la dirigencia opositora parece haber encontrado la forma de resolver disputas: simplemente declarándose ganadora antes de competir. En ese contexto, González da un paso más y se presenta no como precandidata, sino como candidata, como si el resto del tablero ya estuviera despejado. De hecho, así lo expresó abiertamente en una entrevista concedida a Radio Ñandutí, donde se ubicó directamente en ese rol.
El detalle no menor es que, en ese camino, figuras como Miguel Prieto quedan convenientemente fuera de la ecuación, al menos en esta versión anticipada de la realidad política. Una jugada que, lejos de ordenar el panorama, vuelve a poner en evidencia las dificultades de la oposición para construir mecanismos internos sólidos y previsibles.
Así, mientras el oficialismo observa, la oposición ensaya —una vez más— su particular forma de dirimir liderazgos: a pura declaración. Porque, al parecer, en este escenario, competir es opcional; proclamarse, no.





