En honor a la verdad, la frase “Nuevo Orden Mundial” no es nada nueva, de hecho la venimos escuchando desde la década de los ochenta, aunque hoy de un modo más recurrente. Se la escuchamos a los Presidente Ronald Reagan, George Bush, Bill Clinton, Obama, los británicos como la Reina Isabel II, Tony Blair, David Cameron, el ruso Vladimir Putin, los líderes sínicos desde Jian Zemin hasta Xi Jinping, los hindúes como Atal Bihari hasta Modi, pasando por decenas de mandatarios iberoamericanos hasta Pontífices de la Iglesia Católica como Benedicto XVI y el comunista de Francisco.
Como se puede apreciar, no se trata de un concepto ni reciente ni sólo de occidente, por el contrario, ya tiene más de medio siglo de uso -al menos que yo recuerde- se trata de un concepto, de una noción bastante amplia, pero la pregunta clave aquí es ¿todos están de acuerdo, tienen la misma acepción o como siempre se trata del mismo concepto con diferentes y hasta divergentes significados?
El mundo del siglo XXI, es un mundo supremamente convulso, como constantemente suele referirse en conocido docente paraguayo de geopolítica en su seminario “El mundo entrópico”, una monumental realidad, pues, al momento que tecleo estas líneas están en caliente al tres grandes conflictos: Rusia contra Ucrania, la coligación israelí-estadounidense contra Irán, a su vez, Israel contra Palestina y la carnicería en la Franja de Gaza.
A la sazón se suman múltiples situaciones en tensión, ampliamente conocidas y varias veces tratadas en este portal de Nicolás de U´rsi, me refiero a las dos Coreas; India y Pakistán; Japón y China, la tan publicitada guerra ya perdida contra el crimen organizado trasnacional, pero de todas ellas el vórtice de la mayor tensión global se resume a la puja entre las tres grandes potencias: China, Estados Unidos y Rusia.
Hasta hoy, el gran pívot de la política y el comercio mundial lo sigue ejerciendo la Estados Unidos desde su rol de potencia hegemónica, sin embargo, esa realidad está en pleno proceso de transformación, es decir y en palabras de Rachman “Asia’s rise and America’s decline” (“Asia se eleva y America declina”).
Lógicamente este proceso va acompañado de una complejidad y desorden que en muchos casos puede ser visto o entendido como un momentum entrópico, una entropía tal que pueda llevar torpemente a la confrontación de los grandes colosos con el enorme riesgo potencia de exterminar la existencia misma de la humanidad, dado el poder nuclear que cada una de ellas posee.
Y ese miedo no es artificial ni ficción, proviene justamente de la historia misma de la humanidad, en la mayoría de los casos la decadencia de los grandes imperios viene precedido de prolongados periodos de guerra y esas guerras básicamente han tenido y evidentemente continuarán teniendo como punto central, la disputa por EL ESPACIO o lo que equivale a decir en crudo y en la actualidad, un trozo de la superficie terrestre, espacio virtual y hasta el espacio sideral.
Desde los egipcios contra los sumerios, Esparta contra Atenas, Francia e Inglaterra en la guerra de los 100 años, pasando por la contemporaneidad temprana con las guerras napoleónicas, hasta la Primera como la Segunda Guerra Mundial, a fin de cuentas, todas esas guerras fueron simplemente luchas por el reparto del espacio por parte de las potencias dominantes en ese momento.
Por ello la frase más notable dicha en estos días vino de la garganta del líder Xi Jinping cuando le dijo en pleno Gran Salón del Pueblo al Presidente Donald Trump “no caigamos en la trampa de Tucidides”. Con ello, el liderazgo sínico demostró que está absolutamente consciente no sólo de su proceso de elevación a potencia hegemónica mundial, sino del riesgo que encarga que ellos sean los protagonistas del derrocamiento de la potencia hegemónica, ergo, Estados Unidos.
Para cerrar, la posibilidad o no del choque entre Washington y Pekín supera la discrepancia de Taiwán y de lo comercial en sentido estricto, sino que dependerá fundamentalmente del liderazgo de los tres mega-actores China, Estados Unidos y Rusia para acordar un nuevo reparto mundial garantizando así una paz estratégica. Sólo el tiempo nos dirá, el derrotero tomado.




