sábado, 18 mayo, 2024

La caída de Hong Kong y las implicancias para China

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Se ha producido una gran purga en Hong Kong. Un total de 153 personas han sido procesadas bajo la Ley de Seguridad Nacional de Beijing (NSL), impuesta en Hong Kong en julio pasado. (1) La amenaza de Beijing ha llevado a muchas organizaciones a disolverse. Entre enero y finales de septiembre de 2021, 49 organizaciones optaron por disolverse ante las amenazas o la posible represión. (2) Esto incluye a la oposición política, a sindicatos grandes y pequeños, a las organizaciones estudiantiles, ONG, iglesias y sus afiliados, y a las organizaciones de medios de comunicación.

No se trata solo de Hong Kong

El 11 de septiembre, el PTU (Sindicato de Maestros Profesionales) votó disolverse. Fue seguido por la CTU (Confederación de Sindicatos) el 3 de octubre.

La actual represión quiere ser una gran purga para aplastar a la sociedad civil, incluida la libertad de expresión, las asociaciones civiles como los sindicatos obreros y los sindicatos de estudiantes, y también una purga cultural con el propósito de controlar el pensamiento y el alma de la gente. No es de extrañar que el gobierno de Hong Kong, después de hacer que los funcionarios públicos juraran lealtad, ahora esté tratando de que los maestros hagan lo mismo. Esto se suma a su política desde hace mucho tiempo de tratar de reemplazar el cantonés como medio de enseñanza para la asignatura del idioma chino por el mandarín. Tras disfrutar la libertad de crear, el sector cultural ahora se encuentra repentinamente a merced de la censura y el acoso, hasta el punto de que incluso ver documentales sobre la revuelta de 2019 en las comunidades vecinales es un delito imputable.

Si todavía valía la pena defender el «mercado libre» de Hong Kong por parte de los trabajadores, era porque la ciudad también albergaba una vibrante variedad de movimientos sociales locales, incluso si aún estaban en una etapa incipiente. En solo un año, este espacio público ha sido destruido por Beijing.

La gran purga no afecta solo a Hong Kong. El entrelazamiento de la sociedad civil de Hong Kong y la parte continental sugiere que lo que sucede en la primera también tiene profundas repercusiones en la segunda. la víctima más reciente fue la Alianza de Hong Kong en Apoyo de los Movimientos Patrióticos Democráticos de China, una organización especialmente odiada por Beijing por el continuo apoyo del pueblo de Hong Kong al movimiento democrático continental. Durante más de tres décadas, celebró un memorial conmemorativo del 4 de junio (aniversario de Tienanmen) en la ciudad, lo que lo convirtió en el único lugar en China donde poder conmemorar aquella trágica represión, hasta el año pasado cuando el memorial fue prohibido. A ello siguió el acoso a la Alianza por las autoridades, hasta que la Alianza se vio obligada a disolverse el lunes 25 septiembre.

Hay un sector de organizaciones civiles que se han disuelto o desactivado en los últimos dos años que rara vez se tienen en cuenta. Este sector está formado por organizaciones de Hong Kong que han apoyado a la sociedad civil en China, apoyando a los abogados del continente perseguidos o a los activistas sindicales. Están entre las primeras víctimas de la represión de Beijing, pero por lo general no se informa de ello. Durante treinta años, estos grupos de Hong Kong (grupos y redes de autoayuda, ONGs, que cubren un amplio espectro de temas desde el medio ambiente, el mundo del trabajo, el género hasta las infraestructuras comunitarias) han sido cruciales a la hora de difundir la autoorganización civil al continente.

Estoy más familiarizado con la situación de los grupos de Hong Kong comprometidos y solidarios con la actividad sindical en China. Desde el cambio de siglo, alrededor de diez grupos de Hong Kong han estado trabajando en este campo. La mayoría dirigía centros comunitarios o laborales en el delta del río Perla, otros habían optado por apoyar a sus socios del continente, o ambos. Al principio, fueron tolerados por las autoridades locales, y algunos incluso pudieron tener una colaboración discreta con las oficinas locales de la ACFTU (confederación sindical oficial china). Pero eso no duró mucho. Ahora, con un entorno cada vez más hostil en el continente, la mayoría de las organizaciones de Hong Kong han cancelado su registro en el continente. Después de la promulgación de la Ley de Seguridad Nacional de Hong Kong, algunos incluso tuvieron que cancelar «voluntariamente» su registro en Hong Kong también.

Pero su desaparición ya había comenzado en 2015, cuando el 9 de julio las autoridades del continente comenzaron a detener a casi trescientos abogados implicados en weiquan (la defensa ante los tribunales de los derechos legítimos de las clases bajas o de los disidentes). Casi al mismo tiempo, también fueron arrestados dos docenas de defensores de los derechos de los trabajadores. Tres años después tuvo lugar otra ola de arrestos, esta vez dirigida principalmente contra los estudiantes que habían venido en masa para apoyar a los trabajadores de Shenzhen Jasic Technology Co. a organizarse. Paralelamente, las autoridades también comenzaron a arrestar al personal que trabajaba para los centros de trabajadores fundados por ciudadanos de Hong Kong, aunque no estuvieran involucrados en la lucha de Jasic. Desde entonces, estos grupos sufrieron un continuo acoso y la mayoría de ellos cesaron sus operaciones o tuvieron que reducirlas significativamente. Para los pocos que quedaron, ha sido cada vez más difícil. Este fue el principio del fin para los grupos de Hong Kong que apoyan a los trabajadores en China continental. Con la promulgación de la Ley de Seguridad Nacional, algunos de los grupos también comenzaron a preocuparse por su situación en Hong Kong, especialmente cuando los medios de comunicación del PCCh, como de costumbre, no solo condenaron a las organizaciones que recibían fondos estadounidenses, sino que también señalaron explicitamente por primera vez a las organizaciones europeas que contribuían con fondos para sostener a diversos grupos de Hong Kong, desde sindicatos hasta comunidades religiosas. De ahí que algunos de ellos también se disolvieran.

Con la muerte de Hong Kong, la caída de la recién nacida sociedad civil en China es casi segura, al menos por el momento. Cabe preguntarse si este era precisamente el objetivo de Beijing en primer lugar.

Fuente: Cambio Político
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