Olimpia volvió a demostrar que, cuando decide jugar un partido en serio, puede imponerse incluso sobre sus propias y repetidas limitaciones.
El Decano fue claramente superior a Cerro Porteño desde el arranque, tomó la iniciativa, manejó la pelota y llegó una y otra vez hasta las inmediaciones del área azulgrana. El problema, como ya se convirtió en costumbre, fue el mismo de siempre: parece que los jugadores franjeados necesitan pedir permiso antes de rematar al arco. Y casi siempre tal permiso les es denegado.
Por las bandas, especialmente con Fernando Cardozo y Tim Payne, Olimpia generó situaciones constantemente. Tiago Caballero incluso tuvo un mano a mano que definió al cuerpo de Manuel Roffo, pero la insistencia no encontraba el premio. Cerro, mientras tanto, era un equipo alicaído, estático, dedicado principalmente a resistir y sin la menor idea de cómo construir fútbol hacia el arco de Gastón Olveira.
Sin embargo, casi al final del primer tiempo, los azulgranas se acordaron de que estaban jugando un superclásico. A los 41 minutos, Pablo Vegetti metió un cabezazo al travesaño. Y cuando parecía que el descanso llegaría con el marcador en blanco, Cerro encontró un gol absolutamente inmerecido. A los 43, luego de un córner despejado, Juan Manuel Iturbe desbordó por izquierda y metió un centro rasante; Fabricio Domínguez falló en su intento de remate y Alexis Cañete apareció por detrás para sacar un derechazo infernal y vencer a Olveira.
Pero en la segunda parte, la historia siguió perteneciendo a Olimpia. Esta vez, Pablo Sánchez acertó con los cambios. El equipo encontró mayor profundidad y a los 57 minutos Mateo Gamarra lanzó un balón largo, Cardozo lo bajó ante la pasividad de Chaparro y Eduardo Delmás fusiló a Roffo para establecer el empate.
Cinco minutos después llegó la remontada. Romeo Benítez desbordó, dejó mal parado a Cañete y metió el centro para Hugo Sandoval, que atacó el balón y, de cabeza, puso el 2-1 definitivo.
Se esperaba una reacción de Cerro, pero nunca llegó. Fue una sombra durante el resto del encuentro. Sus ataques eran irrisorios, sin elaboración ni rumbo, aunque Ignacio Aliseda desperdició una ocasión increíble en el minuto 94. El final confirmó otra victoria de Olimpia sobre Cerro: uno jugó al fútbol; el otro, durante demasiado tiempo, pareció no saber qué hacer con la pelota.




