En política, las presencias pueden transmitir un mensaje, pero las ausencias los gritan. No siempre habla quien está; muchas veces, el verdadero mensaje lo envía quien decide no aparecer. Y fue precisamente cuando comenzaron a multiplicarse las sillas vacías que las versiones de pasillo empezaron a cobrar otro sentido.
Las infaltables «planteras» cuentan una historia difícil de comprobar, pero imposible de ignorar. Según ellas, a un precandidato —el nombre, a estas alturas, es lo de menos— recibió “500.000 razones, color esperanza”, para ausentarse de determinados actos y, al mismo tiempo, emprender una caminata con la mirada puesta “en el amanecer”, para intentar fundirse en un abrazo con una joven promesa
Pero el relato no termina ahí.
Las mismas planteras aseguran que el episodio llegó a oídos del “Oráculo de la Avenida Kubitschek”, y desde ahí fue convocado el líder, casi como “Cabeza de Turco”, para dar explicaciones sobre el compromiso asumido por quien hasta el momento es su pupilo.
El convocado (aunque no concurrió por supuestas razones de agenda, envió a uno de sus destacados centuriones políticos) ni siquiera estaba al tanto de la situación y, sorprendido, decidió consultar directamente al protagonista de esta historia.
La respuesta fue tan llamativa como reveladora: aseguró que las razones no habían provenido del “antagonista” del “Oráculo de la Avenida Kubitschek”, sino de una empresa. Lo que omitió —o prefirió no advertir— es que esa empresa está controlada precisamente por ese mismo “antagonista”. Y cuidado, porque este último dato no pertenece al universo de las especulaciones ni de las conspiraciones que circulan por las «redes 5G»; forma parte de la realidad societaria de la compañía.
¿Es cierta toda esta historia? Nadie puede afirmarlo con certeza. Pero cuando los rumores empiezan a coincidir con las ausencias, los movimientos, las fotografías y los vínculos empresariales conocidos, dejan de ser simples comentarios de pasillo para convertirse en interrogantes legítimos.




