Es difícil negociar con aquellos que no quieren aceptar las posibilidades de cambiar de opinión.
En el caso del cambio de los colores de los sellos o escudos nacionales, es un tema que aunque Ud. no lo crea, querido lector, ya se llegó a discutir en varias oportunidades en el pasado. Es más, sucede lo mismo que con la historia de nuestro Himno Nacional y con los supuestos pabellones del Paraguay.
Como cada quién quiere llevar agua a su molino y poco interés existe en rectificar los rumbos o hacer las cosas más inteligibles para todos, jamás se llega a buen puerto.
La realidad es que los actuales sellos nacionales, que se impusieron durante la presidencia del doctor Federico Franco (PLRA), no se corresponden a un sano criterio de la heráldica.
En la década de 1970 se realizó la investigación más importante que se conoce sobre el criterio heráldico que debían seguir los sellos nacionales. Fue encabezada por el heraldista y genealogista paraguayo de origen bávaro Harold Rönnebeck y contó con el apoyo de expertos de la Academia de Historia y Geografía Militar del Paraguay, de la que fue miembro honorario durante la presidencia del general Ceferino Vega Gaona. Cabe añadir que Rönnebeck realizó sus estudios sobre vexilología y heráldica en Alemania y en España.
La conclusión presentada en 1978 fue muy sencilla: el escudo nacional debía recibir ligeras modificaciones porque no se ajustaban a las reglas de la heráldica clásica. Hubo varias sugerencias, entre ellas, añadirle una orla de color GULES (rojo heráldico) rodeando a un campo color PLATA y que a su vez envolviera a un cielo color AZUR (azul heráldico).
La descripción heráldica correcta de nuestro escudo frontal, como mandaban las artes y tradiciones de la vexilología, debía ser:
«Escudo circulado en campo de plata, abismando una estrella dorada en cielo azur, rodeada por una corona de ovación con palma y oliva en sinople, trayendo en la orla de gules la inscripción en oro de República del Paraguay».
Aplíquese la misma regla para el escudo del reverso en donde aparece el león.
¿Podían existir otras opciones? Ciertamente que sí. Pero estas, sustentadas por el trabajo heráldico de Rönnebeck y de la Academia de Historia y Geografía Militar del Paraguay en 1978, tenían su sentido histórico con sólido basamento, especialmente en lo que refiere a seguir los colores del propio pabellón nacional: gules, plata y azur.
¿Por qué la orla es de color rojo heráldico?
«Por el partido Colorado y porque le gustaba a Echroner», dirá el profano con cara de meme wojack, atrevida es la ignorancia. Pero no.
Es por el orden de los colores de nuestro pabellón, y los escudos circulares se armonizan siguiendo a ese patrón.
El único argumento que esgrimen algunos en favor de las modificaciones que decretó el presidente don Federico Franco (PLRA), quien merece mis respetos, es que supuestamente esos cambios obedecen a un supuesto diseño original del primer pabellón patrio, como lo habría establecido el presidente don Carlos Antonio López presuntamente en 1842 pero la realidad es que entonces no se estableció a un claro patrón definido ni se siguió a método heráldico alguno.
Uno puede admirar muchísimo a lo que hizo el presidente don Carlos Antonio López, y de hecho que todos lo hacemos. Precisamente por eso es que el pabellón y el escudo nacional siguen siendo, esencialmente, lo que él definió en su gobierno; y es por respeto a su legado que corresponde corregir a algunos pequeños defectos y no perpetuar a los deslices en el tiempo.
Sí el único argumento que algunos pretenden esgrimir con el proyecto de ley presentado por el diputado Yamil Esgaib de «regresar a los escudos nacionales a una verdadera forma heráldica» es tildarlo de «stronismo», es porque están absolutamente carentes de sustento y de argumentación.
Lo que plantea el proyecto del diputado Yamil Esgaib es muy válido. Nuestros escudos no siguen normas heráldicas clásicas y ni siquiera uno puede apelar a la autoridad del presidente don Carlos Antonio López pues él no fue muy específico ni muy claro en sus descripciones; y aún si lo haya sido, bien pudo haber cometido alguna imperceptible equivocación que merece sea rectificada.
Ojalá que algún día podamos discutir con argumentos este tipo de cosas y dejar de utilizar pretendidos epítetos absurdos que sólo prueban la falta de capacidad discursiva y de sustento.
Y sí me preguntan, hay que cambiar al actual Himno Nacional también. Pero eso es arena de otro costal.




