La única institución del mundo que logra sacudir al pensamiento de todos los rincones del planeta es la Iglesia Católica.
El papa León XIV lanzó su primera encíclica, «Magnífica Humanitas», y por lo menos por unos días, las redes sociales se olvidaron de muchas banalidades y se pusieron a analizar palabra por palabra al nuevo texto del magisterio ordinario petrino. ¡Es el poder del Espíritu Santo!
Mucho se escribió y se dijo ya sobre Magnífica Humanitas, no redundaré ni lloveré sobre mojado; además, como que el querido papa León XIV no es que haya dicho cosas que ya no estuvieran avisoradas por sus antecesores, especialmente Benedicto XVI y Francisco. Supongo que a la gente le encanta que las cosas estén envueltas en un paquete de presunta novedad, colorido y mágico, como para comprar por pura búsqueda de la sensación de saciedad y la búsqueda de validación; más este es otro tema que dará para un distinto entremés.
El papa León XIV citó en su última encíclica a J.R.R. Tolkien, profesor y novelista británico muy popular en los últimos 75 años. La cita que hizo del citado autor es la siguiente:
«No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza».
El epigrama extraído proviene de la popular obra «El Señor de los Anillos» y sale de boca de uno de sus personajes, el mago blanco Gandalf.
Me considero admirador de la obra de J.R.R. Tolkien y a diferencia de muchos, yo sí leí algunos de sus libros. Otros se limitan a hablar de lo que vieron por fragmentos en las redes sociales o en las películas de Hollywood.
Sí, J.R.R. Tolkien tiene a varias de sus obras recreadas en superproducciones de Hollywood… Ud., perspicaz lector, interpretará a ese dato como mejor le guste…
En fin, soy admirador de Tolkien y me parece una maniobra inteligente del Romano Pontífice esto de andar citándolo como referencia; es que estamos en la época del «pop culture», que en realidad… No sabría uno decir sí es bueno o malo a simple vista…
De cualquier modo, es un motivo más para festejar porque en un mundo en el que todo parece perdido, aparecen siempre luces de esperanza. Una de ellas es la literatura de Tolkien, que tal vez no sea la más sofisticada de todas las que se hayan escrito pero no cabe duda de que tiene la capacidad para proveer de significado a una generación que está tan ansiosa de saciedad y de validación tanto intelectual como emocional.
Tolkien fue un ferviente católico que tuvo por maestro a un sacerdote español y a un jesuita inglés; estos le moldearon por el recto camino hasta el punto de que el hombre afirmaba en sus cartas privadas que nada había más glorioso y maravilloso en este mundo que el «Santísimo Sacramento».
Con una interpretación correcta y bien guiada, la lectura de J.R.R. Tolkien puede dar muchos buenos frutos en este mundo necesitado de tanta saciedad y validación.
De hecho que una de las poderosas e infinitas armas que posee la Iglesia Católica es la variedad de caminos con las que ella, por el poder del Espíritu Santo, nos conduce a Roma. En el siglo XX, del «pop culture» de Hollywood, apareció un J.R.R. Tolkien quien de forma subrepticia consiguió atraer a millones a la belleza de la Religión Verdadera, por medios indirectos y sutiles pero principalmente por su propio testimonio de vida.
He ahí, en esto último, el quid de la cuestión: el testimonio de vida del profesor Tolkien, hombre que padeció altibajos, éxitos y decepciones como cualquier ser humano pero que se aferró a su fe católica como el sustento indestructible de su acción y de sus propósitos.
Aunque su obra principal, «El Señor de los Anillos», no es precisamente una alegoría o un simbolismo evidente del catolicismo (él mismo, según sus cartas personales, se resistía a que dieran interpretaciones «calzadas a la fuerza» de sus textos y sólo mucho después afirmó que «inconscientemente, hacia el final, sus creaciones fueron inspiradas por el catolicismo»), lo importante radica en que esa esencia se percibe en los profundo y permite que a través de sus libros uno pueda entrar en un mundo al que muchos querían dar por perdido: ese universo en el que existen valores trascendentes, superiores al mero materialismo, como el heroísmo, el amor a la Patria, la amistad y la lucha por nobles ideales contra fuerzas que buscan desaparecer a todo eso.
No debe sorprendernos, pues, que el papa León XIV haya apelado a una cita del «Señor de los Anillos», cuyo autor era católico. Por un lado, es utilizar con inteligencia y ecumenismo aggiornado al «pop culture» en favor de los fines de la cristiandad y por otro lado, es un alegato en contra de los que buscan distorsionar a los valores de la civilización cristiana para presentarlos en plan de predominio supremacista que es la negación de todo lo que la Iglesia Católica y su leal servidor J.R.R. Tolkien han predicado directa o indirectamente.
El mundo de la I.A., descontrolado y transformado en un verdadero «Mordor» de la actualidad no es otra cosa sino una faceta más avanzada del feroz tecnocapitalismo, depredador y enemigo de la raza humana. Así como existen los orcos del dizque «marxismo cultural» (que no es otra cosa sino liberalismo consecuente), también están los Sarumanes de la tecnocracia., con sus brujos negros que parecen ser a simple vista más atractivos y seductores que los orcos pero al mismo tiempo, son aún más peligrosos y mortíferos.
¿En qué son distintos un Peter Thiel y un George Soros? ¿Un Elon Musk y un Mark Zuckerberg? ¿Un Jeff Bezos y un Bill Gates?
Todavía más, ¿cuál es la diferencia entre Silicon Valley y Mordor?
De hecho que un ojo avisor y sofisticado se dará cuenta fácilmente que Silicon Valley es la zona sur del condado de la ciudad de San Francisco, California; forma parte de su suburbio, de su área metropolitana.
¿Y qué es San Francisco, California? ¡La capital mundial del movimiento LGBT! ¿O me equivoco?
Así visto el asunto, nunca más apropiado que hablemos del «Mordor» de nuestra época posmoderna y que no siempre se viste de manifestación LGBT sino que muchas veces tiene el disfraz de tecnocracia de Silicon Valley.
«Magnífica Humanitas» cita a Tolkien y es casi como un llamado al combate. Pero cuidado, que «El Señor de los Anillos» debe ser visto como una puerta de entrada y un camino de iniciación, no como la respuesta definitiva ni mucho menos como la panacea del pensamiento católico. De hecho que es solamente un arma, de varias posibles, pero es necesario reforzar con bastante más que eso, no quedarse uno con la superficialidad de la fantasía que muchas veces sólo nos da sensación de saciedad y de validación que conducen a conservar un sistema que evidentemente, no es el que funciona para el bien común.
Es más, el mismo Tolkien vio que su obra terminó convirtiéndose en inspiración para copias de inferior calidad que perdieron por completo el sentido profundo de su mensaje. Recuérdese que «El Señor de los Anillos» es también padre literario de «Dune» (obra que Tolkien desdeñaba) o posteriormente «Harry Potter» y «Juego de Tronos». ¡Ojo, piojo!
¿En qué estamos, pues?
Que la cita de Tolkien en «Magnífica Humanitas» debe ser vista como lo que es: un inteligente acto propagandístico del papa León XIV, que utiliza hábilmente a la obra «pop culture» de un autor católico para advertirnos en contra de los peligros de un descontrolado «Mordor» tecnoglobalista con sede en Silicon Valley, San Francisco, California, EEUU. Ni más, ni menos.
Y sí Tolkien es útil para hacer esas advertencias, ¡enhorabuena! ¡Todos los caminos conducen a Roma!



