Olimpia ganó 3-1 anoche a Audax Italiano en el Defensores del Chaco, se quedó con el liderato del Grupo G y avanzó directamente a los octavos de final de la Copa Sudamericana. Pero detrás del resultado aparece otra vez la misma sensación de siempre: este equipo sigue sin convencer.
El Decano volvió a mostrar una preocupante falta de ambición, esperando que el rival reaccionara antes de decidirse a jugar en serio. Y otra vez, como tantas veces, necesitó estar abajo en el marcador para despertarse.
El primer tiempo de Olimpia fue sencillamente pésimo. Un equipo sin intensidad, con ataques débiles y sumisos, como si cada jugador tuviera que pedir permiso para ingresar al área rival. No hubo agresividad ni convicción. El mediocampo volvió a partirse en dos, sin un conductor claro, mientras la defensa, fiel a su costumbre, fue una sombra. Audax Italiano, un equipo limitado y sin demasiada personalidad, le inclinó la cancha por momentos al campeón paraguayo. Incluso Gastón Olveira tuvo que salvar el arco franjeado en un mano a mano clarísimo que evitó el papelón antes del descanso.
Y el complemento arrancó exactamente igual. Olimpia dormido, tibio, desconectado. Hasta que llegó el golpe. A los 65 minutos, un centro del conjunto chileno terminó con Raúl Cáceres desviando la pelota hacia su propio arco para el 0-1. Un autogol que resumió perfectamente todos los problemas defensivos del Decano: desorden, nerviosismo y falta de concentración.
Recién ahí apareció el verdadero Olimpia. Herido, obligado y desesperado. El equipo se transformó en un huracán. A los 70 minutos, Alan Rodríguez sacó un misil balístico desde fuera del área y clavó la pelota en el ángulo del arquero Tomás Ahumada, imposible de contener. Apenas un minuto después, Hugo Quintana dio vuelta el marcador y el estadio explotó. Luego, a los 75’, Fernando Cardozo selló el 3-1 definitivo.
La clasificación tiene peso por nombre, historia y camiseta. Olimpia impone respeto en Sudamérica y llega a octavos con fuerte presencia. Pero la realidad futbolística sigue siendo alarmante. La defensa continúa siendo un colador; ahora, incluso, fabrica autogoles. El mediocampo no tiene ideas ni equilibrio. Y la delantera parece un experimento fallido: displicente, temerosa y sin hambre de gol.
Olimpia está clasificado, sí. Pero si quiere pelear verdaderamente esta Copa Sudamericana, necesita mejorar muchísimo. Su historia lo obliga a competir hasta el último suspiro y también a reforzarse. Porque con esta versión, el margen de error se achica cada vez más.




