La dictadura dinástica de Corea del Norte modificó su constitución para automatizar un ataque nuclear en caso de que Kim Jong Un sea asesinado. Esta reforma, aprobada por una Asamblea Popular que solo sirve de fachada al régimen, establece un «dispositivo de hombre muerto» que garantiza la destrucción incluso si el tirano desaparece.
La medida es una reacción directa al éxito de las operaciones lideradas por Estados Unidos e Israel, que recientemente lograron neutralizar al líder supremo de Irán, Alí Jamenei, eliminando a uno de los principales promotores del terrorismo global.
Pionyang ha observado con terror cómo sus aliados de izquierda caen ante la precisión y la tecnología de las democracias occidentales. La eliminación de Jamenei en Teherán, ejecutada en una operación coordinada entre Washington e Israel, dejó claro que ningún dictador está fuera del alcance de la justicia internacional.
Ante este escenario, Kim Jong Un ha decidido secuestrar la seguridad del planeta, estableciendo por ley que cualquier amenaza a su mando central activará los silos nucleares de forma automática, sin importar las consecuencias para la humanidad.




