Olimpia volvió a tropezar con sus propias limitaciones y firmó un pálido 0-0 ante Barracas Central en el Defensores, en un partido que dejó más preocupación que certezas.
El arranque, al menos, ofreció algo de emoción: los primeros diez minutos fueron de ida y vuelta, con ambos equipos mostrando intenciones claras de romper el cero. Hubo dinámica, transiciones rápidas y una sensación de que el partido podía abrirse en cualquier momento.
Pero ese impulso inicial se fue apagando del lado visitante. Barracas comenzó a diluirse progresivamente, replegándose y cediendo terreno hasta prácticamente desaparecer del protagonismo. A partir de ahí, el encuentro quedó casi con exclusividad para el conjunto franjeado, que asumió el control, pero volvió a exhibir su problema más grave: la alarmante falta de definición.
Olimpia generó situaciones, se instaló en campo rival y merodeó el área, pero cada avance terminaba en lo mismo: indecisión, temor y ejecuciones débiles. A los jugadores parece invadirles un pánico escénico cada vez que pisan zona de definición. Nadie se anima a rematar con convicción, nadie prueba de media distancia, y los ataques se diluyen en intentos tibios, casi sumisos.
A esto se sumó una actuación arbitral que rozó lo irritante. En la primera etapa, el juez colombiano, Andrés Rojas, se dedicó a cobrar cualquier roce, cortando constantemente el juego y buscando protagonismo con decisiones innecesarias. Su paupérrimo desempeño solo contribuyó a enfriar aún más un partido que ya empezaba a perder ritmo.
En la segunda mitad, el dominio de Olimpia fue absoluto, pero estéril. Barracas se limitó a esperar errores y, cuando tuvo alguna aproximación, careció totalmente de peso ofensivo. El franjeado, en cambio, acumuló ataques sin descanso, aunque todos con el mismo final: nada.
Con el correr de los minutos, la desesperación se apoderó del equipo. Las jugadas se volvieron lentas, imprecisas y previsibles. Olimpia empujó más por obligación que por ideas, dejando en evidencia una preocupante falta de jerarquía para competir a nivel internacional.
Este empate no es casualidad. Es el reflejo de un equipo que ha perdido su esencia. Hoy a nivel internacional, cualquier rival de media tabla le compite y le quita puntos sin grandes esfuerzos. Y eso, para Olimpia, es inadmisible.




