Ayer Nacional volvió a dejar señales claras de que su pelea por el campeonato se está desmoronando lentamente. El 1-1 ante Sportivo Trinidense no solo frenó otra vez al tricolor, sino que expuso una tendencia preocupante: un equipo cansado, desmotivado y cada vez menos capaz de sostener resultados.
El partido empezó con un guion que parecía favorecer a Nacional. El equipo visitante tomó la iniciativa y encontró la ventaja temprano con un gol de Richard Prieto, que abrió el marcador en la primera etapa.
En ese tramo inicial, el tricolor empujó con más decisión y daba la sensación de que tenía el control del juego. Pero esa imagen duró poco, ya que Nacional volvió a mostrar los mismos síntomas de las últimas fechas: desgaste físico evidente, poca claridad para manejar el partido y una fragilidad mental alarmante cuando el rival reacciona. El equipo se fue quedando, perdió intensidad y permitió que Trinidense creciera con el correr de los minutos.
El empate llegó con una acción que rompió la monotonía del encuentro. Néstor Camacho sacó un remate espectacular desde fuera del área que terminó en el fondo del arco y desató el festejo del conjunto auriazul. Fue un golazo que dejó en evidencia la pasividad defensiva de Nacional, que volvió a pagar caro un momento de desconcentración.
Después de la igualdad, el partido cayó en una meseta bastante pobre. Trinidense mostró lo mismo de casi siempre: poco juego colectivo, escasa elaboración y una propuesta que dependía más de algún destello individual que de un funcionamiento claro. Tras empatar, prácticamente dejó de generar situaciones realmente peligrosas.
Pero el gran problema volvió a ser Nacional. El equipo ya ni siquiera puede sostener una ventaja, y eso refleja algo más profundo que un simple mal partido. Hay cansancio, falta de ideas y un entrenador que sigue mostrando improvisación cuando el encuentro entra en momentos calientes.
El resultado termina perjudicando a ambos, pero especialmente al tricolor, que ya acumula varios partidos sin ganar y empieza a alejarse de la cima.
Si la tendencia continúa, parece solo cuestión de tiempo para que Nacional deje definitivamente de pelear arriba y pase a mirar el campeonato desde lejos.




